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EDITORIAL
Los bueyes y la carreta
La crisis económica que agobia a toda la pirámide social panameña, tiene orígenes muy complejos y profundos, con raíces internacionales y grave resonancia nacional, donde las acciones asumidas por clase dominante criolla (y aquellas decisiones que no se han tomado por incapacidad, miedo y carencia de creatividad), nos mantienen entre la pared del fracaso sociopolítico, y la espada de la injusticia y el desequilibrio.
Ni la clase empresarial ni los gobernantes, y mucho menos los trabajadores, han tenido el ingenio para predecir los escollos y diseñar la ruta para franquearlos. Hoy el país, mejor dicho, los más necesitados del país, son víctimas de la imprevisión, el egoísmo y la falta de talento de los grupos organizados, principalmente los dueños del capital, los políticos y la clase obrera.
Lo que provoca mayores lamentos es que el factor que debiera ser la puerta de salida del tercermundismo: La educación, es el más abandonado por todos los actores sociales que tendrían poder para robustecerlo.
Las atroces decisiones tomadas en materia económica tales como, las privatizaciones, los incrementos de tarifas, la entrega de bienes públicos a empresas transnacionales, el incremento del costo de la canasta básica, la regulación del precio de medicamentos, la paulatina desintegración de la Caja de Seguro Social, y demás, tendrían un impacto menos dañino, si el punto de partida hubiera sido una adecuada reforma educativa, encaminada a mejorar la salud intelectual y productiva de la nación. Pero no, los genios locales, siguiendo directrices de estrategas que responden a los intereses de países hegemónicos, aplicaron las recetas de la globalización sin preparar a los panameños primero, de manera que pudieran enfrentar los rigores de las reformas.
Consecuencia: Un país en crisis, sin capacidad de respuesta, sin educación ni perspectivas de tenerla, con un reducido grupo de adinerados y privilegiados, y una gran masa de analfabetas funcionales que pronto se convertirán en una carga y, por ende, no servirán ni como buhoneros.
En conclusión, los mal llamados "planificadores" no han hecho otra cosa que poner los bueyes detrás de la carreta, ejecutando cambios y desarraigando los elementos de un sistema que aceptamos estaba desfasado, antes de pulir y potenciar el recurso más importante con que cuenta un país: su gente.
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PUNTO CRITICO |
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