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Panamá es un término que ha tenido varios significados a lo largo de su historia. Para algunos ha sido mariposas, árboles o caceríos de pescadores. Pareciera que la última actualización que le ha hecho al término la real academia chepana de la lengua, es un país donde casi todo está al revés. Si tiene alguna duda, dispénsele algunas reflexiones a estas realidades:
En el cual otro lugar del mundo los dirigentes máximos de los partidos políticos deciden después de haberse contado los votos electorales, a cuál bancada legislativa van a pertenecer durante el siguiente quinquenio, claro con la mirada siempre puesta en los mejores intereses del país.
En dónde se construyen 8 mega-instalaciones sanitarias, de dos en dos por ciudad, sin saber de dónde saldrían una vez de inauguradas; los pacientes, la plata y el personal para ponerlas a funcionar en forma óptima.
En qué lugar del mundo se comienzan a arreglar, remodelar y pintar las escuelas y colegios, con los estudiantes adentro, una vez que ha empezado el período escolar anual y se inicia el arreglo de las calles y se pavimentan senderos tan pronto han empezado las lluvias de invierno.
En cuál sociedad actual, una vez que se han adjudicados los concursos y licitaciones y han empezado a dispensarse los bienes y servicios, todo de pronto es sometido a un borrón y cuenta nueva como si nada hubiese pasado, en razón de denuncias reiteradas por aparente falta de transparencia en estos actos públicos.
Qué pueblo del mundo podrá aceptar que unos pocos hayan decidido retener y secuestras sin autorización previa y directa, los ahorros personales de miles de funcionarios del sector público, quienes durante 22 años aportaron un porcentaje del salario para el Fondo Complementario y ahora no pueden hacer uso de ellos como lo hace cualquier vecino o socio de un club cívico o logia.
Cómo es posible que sea una empresa privada la que diga dónde puede o no un ciudadano bajarse de un bus para hacer transbordo o caminar y que sean los dueños del transporte selectivo y colectivo los que prohíban que podamos llevar en nuestros vehículos a quien nos dé la gana, todo esto amparado en leyes que al parecer lo que menos hacen es defender a la gente y al bien común.
En fin querido lector, no se trata de volcar sentimientos de decepción por las promesas electorales incumplidas por parte de los tres últimos gobiernos democráticos. De lo que se trata es que tengamos bien claro, todos, que en este país casi todo lo que parece ser a primera vista no lo es. Y que si en algún lugar del planeta es cierto el pensamiento de quien tiene un amigo tiene una mina y de que si el que manda es familia, todavía mejor, es aquí en nuestro bello Istmo, en donde los títulos, la capacidad, la experiencia, el compromiso y la honestidad son sólo variables recurrentes para juzgar y decidir cuándo, desde la acera de la oposición, hemos de evaluar las decisiones y nombramientos del gobierno de turno. |