El estereotipo del hombre que propone una interminable lista de cosas que al final no cumple, es el que ha perseguido a los políticos desde que se inventó la democracia participativa.
Es cierto, ningún candidato a puestos de elección popular puede pretender que la gente votará por él/ella, si no incluye durante su campaña una serie de propuestas sobre lo que va a hacer una vez esté "montado" en la cima.
Pero echemos un vistazo a los candidatos a la Presidencia de la República para las elecciones de 2009, y hagamos un recuento de las promesas que han hecho en los últimos meses. ¿Con qué nos encontraremos?, Con frases como: "Un cambio real en 20 meses" (o sea que el país quedará encarrilado en menos de dos años), "daré incentivos al productor agrupecuario", "resolveremos la crisis alimentaria", "meteré preso a los delincuentes de cuello blanco"(¡sobre todo!), "aumentaré las penas a menores".
Ahora, ¿qué explicaciones han dado los candidatos presidenciales sobre cómo van a resolver milagrosamente todos los problemas de Panamá? Ahí sí que no encontraremos nada en los periódicos, ni en la televisión, ni en la radio.
Peor aún, muchos periodistas y editorialistas de estos mismos medios han lanzado críticas a los candidatos por esta "prometedera" sin sentido ni freno. ¿Y con qué han contestado los candidatos? Con más promesas.
Para desgracia de estos mismos candidatos, el pueblo no es tan ingenuo como ellos creen. En las calles la gente está clarita sobre que la inmensa mayoría de estas promesas son sólo frases sacadas al paso de los escándalos y problemas que hacen titulares, con la intención de obtener una ventaja política. A la hora del conteo de votos, probablemente el que prometió menos "locuras" saldrá favorecido.