Los deportistas deben ser un ejemplo para la juventud. Aunque como todo ser humano están expuestos a cometer errores, su comportamiento público, debe ser ejemplar, porque la sociedad siempre estará pendiente de sus actuaciones.
Los recientes triunfos en las disciplinas deportivas individuales y de conjunto que obtuvo Panamá en los Juegos Centroamericanos y el seguimiento de esas actuaciones por gran parte de la población, son un ejemplo de que la sociedad está ansiosa de ídolos y símbolos.
Sin embargo, hay atletas que no guardan la adecuada compostura cuando están fuera de competencia.
Se han dado casos recientes de deportistas involucrados en balaceras, otros conduciendo y haciendo espectáculos bajo los efectos del licor. Algunos logran una contratación en instituciones estatales y simplemente no acuden a sus labores.
Los involucrados deben recapacitar, porque se debe mantener un comportamiento y disciplina, dentro y fuera de un coliseo deportivo.
No se pretenden que sean santos, pero la diversión debe darse sin exceso y sin perder el control, porque no es nada agradable observar a una gloria deportiva balbucear sandeces e incapaz de expresar algo coherente, debido a que el exceso de cerveza o licor se lo impide.
Los instructores, entrenadores, apoderados o directores de esos atletas, también deben jugar su papel y llamarlos al orden, para evitar que a cada momento se produzcan esos feos espectáculos que envuelven a nuestros atletas.