El problema de los desechos sólidos es asunto de todos. Desde la eliminación a través de la recolección efectiva hasta el reciclaje o aprovechamiento de la basura que generamos a diario.
En este siglo tecnológico y sobre el cual se versó en el pasado en obras como el "Shock del Futuro" o "Big Brother", se escucha fantástico hablar acerca de la ausencia de un método aceptable a los tiempos en cuanto a tratamiento de basura se trata.
La complejidad del tema y su deficiente manejo en distintos sitios del planeta asombra hasta el más iletrado. Parece que nuestra gente de antaño era sabia en torno al asunto, a diferencia de quienes hoy tienen una serie de herramientas a emplear para solucionar el problema de los desperdicios.
Desde un sistema de recolección con autos volquetes o compactadores, personal para el tedioso trabajo, plantas de reciclaje, entre otras cosas, las que no tenían los antepasados. Estos abrían un hueco en la tierra, quemaban la basura y luego tapaban el hoyo hasta la próxima tirada de sobras.
Mi abuela barría el patio con su escoba hecha de monte, seleccionando los restos. Las botellas de vidrio regresaban a la tienda donde recobraban su depósito de diez centavos, y las latas en ocasiones por su tamaño, se utilizaban como maceteros.
La basura siempre ha sido un buen negocio. Había quienes comparaban los hierros viejos y el cartón de las cajetas que se desechaban en las casas. El papel periódico era buen combustible para hacer el fuego que hacía arder la basura.
Hoy es aprovechado para producir más papel y hasta artesanías.
No con esto quiere decir que debemos regresar a los métodos antiguos, pero sí aplicar los principios básicos mediante el cual se hacía buen uso de este recurso.
Hacer trabajar el ambiente a nuestro favor es un deber de vida y conciencia ciudadana. Es contribuir a eliminar los peligros a nuestra salud en comunidad.
En esta empresa las autoridades están llamadas a preservar con eficiencia la calidad de vida en un país.