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César Augusto Gálvez, quien fuera ultimado el domingo en un confuso incidente que involucra a tres policías, fue sepultado ayer en el cementerio de Pueblo Nuevo, en medio de desgarradoras escenas de dolor.
Horas antes, el jefe de la Policía Nacional, Carlos Barés, confirmó que Gálvez tenía un caso pendiente con la justicia. En efecto, el 3 de febrero de 1995, el Segundo Tribunal de Justicia lo había condenado a 11 años de prisión por el asesinato de Roger Alberto González, perpetrado el 20 de diciembre de 1987, en Santa Marta de San Miguelito.
Gálvez fue juzgado en ausencia y aunque había alegado defensa propia, se le condenó, pero nunca cumplió la pena.
Las investigaciones de la PTJ revelan que un arma que fue encontrada cerca al cadáver de Gálvez tras ser abatido el domingo había sido disparada, pero César Augusto no presentaba residuos de pólvora en sus manos.
Mientras Víctor Almengor, quien interpuso una denuncia criminal contra los policías que abatieron a Gálvez, dijo que el arma le fue plantada a César y que hay testigos y evidencias de que el cadáver fue removido del área donde inicialmente cayó. |