Panamá y el mundo cristiano está inmerso en la Semana Santa. Es momento de reflexión y para hacer un alto en la vida de diaria y examinar nuestro interior, para preguntarnos si estamos siguiendo las enseñanzas de ese hombre que hace 2011 años se sacrificó en la cruz por la humanidad.
Los últimos tiempos dan señales de alerta sobre los peligros que enfrenta el mundo. Los recientes sucesos de Japón, las guerras y las crisis económicas son como una trompeta para anunciar que algo está sucediendo y que la humanidad debe de reencontrase con lo divino.
Estos días no son para aprovechar el asueto y acaparar toda la cantidad de licor posible para embriagarse. Son días que se deben aprovechar para conversar con Dios, pedir perdón y hacer votos para tratar de no incurrir en las faltas contrarias a lo que debe ser un buen cristiano.
Esta semana se conmemora el sacirficio máximo que Jesús de Nazaret hizo para la salvación de la humanidad: su muerte en la cruz. Este acontecimiento y la posterior resurrección de Jesucristo, es el pilar fundamental de una fe que comparten 2, 100 millones de personas en todos los continentes.
En Panamá y el mundo, multitudes asistirán a las ceremonias tradicionales vinculadas con la fecha, como la Procesión del silencio, el Vía Crucis y la Liturgia de Viernes Santo. Habrá dramatizaciones sobre la Pasión y Muerte de Jesucristo, y habrá algunos que llegarán al extremo de clavarse en cruces como forma de rendir homenaje a aquel carpintero de Nazaret, cuya vida partió la historia en dos.
Pero habría que preguntarse cuántos de nosotros entendemos el mensaje que Cristo nos dio en la cruz.
El servicio y el sacrificio por el prójimo es el principal mensaje que nos deja Jesús. Es este el mensaje que no podemos permitir que se pierda entre los rituales y tradiciones milenarias.