Mi relación con el Instituto Oncológico Nacional -I.O.N.- data desde noviembre del 2001 (hace 3 años y cuatro meses), cuando un familiar muy cercano debió acudir a este nosocomio especializado para ponerse en manos del personal médico, paramédico y administrativo (habiéndolo hecho primeramente con Dios), para buscar la cura del mal que la aquejaba...
La odisea social, familiar, moral, cultural, religiosa e individual, no fue nada fácil de afrontar y aún esperar, pero como la 'fe mueve montañas' y el único que atiende nuestras súplicas es el mismísimo Dios, henos aquí, a través de estas páginas, expresando nuestro público reconocimiento y agradecimiento a todos los que en el I.O.N., contribuyeron para que al cabo del tiempo arriba señalado, el Dr. Godoy, pudo feliz él, y feliz nosotros, anunciar que a nuestro familiar se le daba de alta, ¡completamente curada!
Lo primero que hicimos después de agradecer personalmente al Dr. Godoy el anuncio hecho -con documento sustentador en mano- fue ir a la capillita que en el I.O.N. existe, para darle gracias a Dios por este nuevo regalo de vida.
Así, Dr. Godoy, Dr. Guzmán, Dr. Rodríguez, cuerpo de enfermeras y toda esa legión de seres humanos que en el I.O.N., dan esperanzas de vida a los enfermos y sus familiares que allí acuden, incluyendo a las incansables y abnegadas damas voluntarias, sin olvidar a los demás pacientes quienes unos a otros se consuelan. ¡Un millón de gracias por un trabajo bien hecho! Dios los bendiga a todos. ¡Au Revoir!