En una medida que representa un sacrificio para el fisco, el presidente de Panamá, Martín Torrijos Espino, decidió implementar una reducción significativa al impuesto de 0.60 centavos que cobra por cada galón de combustible, con el fin de evitar el empeoramiento de la crisis en el sistema de transporte en este país.
La decisión tomada por el Gobierno es admirable, pero no servirá de nada si no se resuelven otros problemas urgentes para evitar la paralización de Panamá ante el incremento del barril de petróleo, que amenaza con subir a 100 dólares en los próximos meses.
Hablamos primero del fin del oligopolio de las grandes petroleras extranjeras que, con su encarecimiento desmedido de precios de la gasolina y el diesel, mantienen sometidos al mercado de carburantes, afectando al transporte colectivo y hasta provocando la subida de la Canasta Básica Familiar.
Poco efecto tendrá la reducción del impuesto estatal al combustible si las petroleras se niegan a bajar el precio de los derivados del petróleo. Por ello, ya es momento que esos emporios pongan de su parte y se "bajen del bus". De allí que se pide que el precio de la gasolina baje aunque sea a 2.00 balboas, para ser más accesible a los consumidores.
Lo segundo es la tan cacareada modernización del transporte en ciudad de Panamá y alrededores. ¿Porqué?
Debido a los autobuses "Diablos Rojos". El transporte urbano depende del vaivén del precio de los carburantes y, cuando hay alzas en el petróleo, siempre los buseros amenazan con subir el precio de pasaje, afectando el desarrollo de la nación.
Por allí se menciona que la Autoridad del Tránsito propondrá traer autobuses articulados de Colombia, o Transmilenio, para aliviar la crisis del transporte.
Pero, si vemos con detalle, los mismos seguirán utilizando el diesel como fuente de energía. Si el Gobierno no da un subsidio a este grupo extranjero para hacer rodar los buses "paisas", seguiremos con la Espada de Damocles de la subida del pasaje cada vez que va en alza el petróleo.
Hay que elegir una alternativa factible y ecológica para el transporte que utilice la energía eléctrica, la cual sí está subsidiada por el Gobierno panameño.
Por ello, no descartemos la propuesta de construir un sistema ferroviario urbano, a modo de trenes ligeros y monorrieles, pues aunque son onerosos en su construcción, a la larga serán baratos en su funcionamiento y no afectarán al bolsillo de los usuarios.