¡Qué lástima! Eso es lo que mi corazón siente al saber que muchas personas, como antes lo hacía yo, pasan este día de la manera más pagana posible.
La mayoría de los panameños hemos desvirtuado el verdadero significado de este día y tal vez usted, amigo lector, mientras lee esta columna esté con una cerveza en la mano o preparándose para ir al río, a la playa o algún otro lugar para distraerse. No digo que esto sea malo, sino que deberíamos aprovechar este día en especial para meditar en familia el sacrificio que Jesús, el Hijo de Dios, hizo por todos nosotros.
Durante muchos años yo pensé que estos días libres sólo servían para ir al interior, visitar a la familia, comer mucho pescado, bollo y tortilla. Lo peor es que esperábamos que llegara la noche para irnos al baile, y ni siquiera sabía en qué consistía la fiesta, ¿por qué celebrábamos? Pero hoy doy fe de que el Sábado de Gloria lo vivo de una manera más feliz y plena y ya sé lo que celebro.
Junto a mis hermanos en Cristo celebramos con vítores y palmas que Jesucristo venció la muerte y nos invita a vencerla también, a triunfar sobre el pecado.
Hoy te invito a participar en los ritos de la iglesia que tienes más cercana, no esperes al próximo año que no sabes si tendrás la oportunidad de gozar de este triduo Pascual nuevamente.
No celebres junto a Satanás y dale ahora a quien hace más de dos mil años venció por nosotros el poder de la muerte y limpió a la humanidad con su sangre del pecado.
Celebra el Sábado de Gloria dándole gloria a Cristo. Pero no te quedes simplemente en la procesión o los símbolos de fe sin vivirlos.