S egún las Sagradas Escrituras, hoy el mundo cristiano conmemora el Sábado Santo y mañana domingo se canta Gloria. Se termina así la Semana Santa o Semana Mayor, donde se realizan actividades conmemorativas acerca de la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
La Semana Santa se inició el domingo pasado, conocido como Domingo de Ramos, por la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén.
Esta entrada triunfal fue la que motivó que las autoridades romanas iniciaran la persecución y detención de Jesús y posterior juicio y condena a muerte. Fueron las aclamaciones del pueblo que seguía a Jesús las que provocaron el miedo de las autoridades romanas, porque comprendieron que con ellas se estaba gestando la caída del imperio corrupto que los sojuzgaba.
¡Bendito el que viene como Rey en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en lo más alto de los cielos!, fueron gritos de la multitud que asustaron a los fariseos porque comprendieron que representaban gritos de liberación de un pueblo oprimido.
Durante la Semana Santa se reviven los acontecimientos que nos dan a conocer personajes históricos que como Judas, siendo uno de los discípulos de Jesús, lo traiciona. De Pedro, otro discípulo que al ser identificado como uno de sus seguidores, lo niega.
Conmemorando esos días y haciendo un pequeño ejercicio mental para trasladarlos a nuestra época, cuantos Judas y Pedros no identificaríamos, sobre todo en nuestros políticos.
En realidad, es muy frustrante comprobar como todos los años conmemoramos la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús, el Hijo de Dios y cómo esperamos el Sábado Santo para entonces darle rienda suelta a la celebración por el que consideramos el mejor acontecimiento de la Semana Santa.
No pensamos en vivir acorde con sus enseñanzas; en pensar que como dijo a sus discípulos cuando discutían acerca de cual de ellos era el más importante y Él les dijo: "el más importante entre ustedes debe portarse como si fuera el último y el que manda, como si fuera el que sirve. Porque, ¿quién es más importante: el que está a la mesa o el que está sirviendo? El que está sentado por supuesto. Y sin embargo yo estoy entre ustedes como el que sirve". (Lucas 22:24)
Ojalá y los cristianos, especialmente las autoridades gubernamentales y eclesiásticas, vivieran como enseñó el Maestro Jesús, el Hijo de Dios. Con humildad, sin la prepotencia que los hace, en muchas ocasiones, transgredir las leyes .