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CRIMENES FAMOSOS Una compañía inapropiada

Max Haines
Masha Efrati conoció muchos hombres por medio de las columnas de Corazones Solitarios. No de ellos la mató. El 19 de octubre de 1984, Masha Efrati, una enfermera de 62 años empleada en un clínica de slaud dentral en Tel Aviv, Israel, no se presentó a trabajar. Por más de 20 años Masha nunca había dejado de llamar su tenía que faltar por alguna razón. Al mismo tiempo, una vecina sospechó cuandoi se dio cuenta que Masha no había partido hacia su lugar de trabajo. Probó la puerta de Masha y encontró que no estaba cerrada. Adentro, la vecina descubrió el cuerpo de Masha en un charco de sangre. Había sido golpeada y apuñalada hasta morir. No habían robado nada, ni nada había sido desarreglado en el extremadamente limpio y pulcro apartamento. La víctima no había sido atacada sexualmente en modo alguno, ni había evidencia alguna de que el asesino hubiera entrado al apartamento por la fuerza. Aparentemente, Masha había conocido a su atacante. Los investigadores israelíes, como cuestión de rutina ahondaron en el pasado de la víctima. Masha Efrati nunca había tenido buena suerte con los maridos. Se había casado en Rusia siendo todavía una adolescente. Cuando Alemania invadió Rusia en 1941, ella y su marido se unieron a un grupo de guerrileros en defensa de su país. Desgraciadamente, su marido murió. Masha, una cristiana, se enamoró de un médico judío al final de la guerra. Se convirtió al Judaísmo, se casó con el médico y emigró a Israel. Se divorciaron tres años más tarde. Pero Masha no era de las que pierden el tiempo. Conoció y se casó con el maridito número tres, un hombre de negocios llamado Efrati. Su mala suerte continuó. Efrati murió de causas naturales. Esta vez quedó relativamente bien de finanzas. La familia de Masha en Rusia le rogó que volviera a su país de origen, pero ella se negó. Amaba Israel, aunque era una vida solitaria para una mujer sola. La policía se enteró que Masha había colocado avisos en las columnas de Corazones Solitarios. Varios hombres habían contestado esos avisos. Cada uno fue controlado por la policía de una lista encontrada en el apartamento de la mujer muerta. Mientras se estaba investigando la vida pasada de Masha, los detectives recibieron los resultados de las pruebas patológicas. La víctima había muerteo por pérdida de sangre. Había sido golpeada en la cabeza con un instrumento romo y había sido apuñalada 17 veces. En su espalda, los médicos encontraron la marca de cinco dientes. El asesino había dejado una muestra de saliba en su blusa. Vecinos que conocían bien a Masha le dijeron a la policía que mantenía su apartamento meticulosamente limpio, hasta el punto de ser obsesiva. Lavaba las paredes una vez por semana, lustraba sus muebles permanentemente y llegaba a envolver sus manos en toallas antes de abrir la puerta de un armario para no dejar manchas. Cuando la policía revisó el apartamento en busca de huellas digitales, solamente se encontraron una docena en la cocina. Todas menos tres eran de Masha. Como resultado de colocar avisos en Corazones Solitarios, Masha había recibido varios visitantes masculinos. Un hombre, Shmuel Brooks, un soldador turco de 66 años, había sido oído amanazándola. Su nombrer era uno de los que figuraba en la lista de hombres que habían contestado uno de sus avisos alrededor de un año antes de su muerte. La policía se enteró de que esto había dado como resultado una relación amorosa, pero que la pareja había roto recientemente. Una vecina les contó que Brooks deseaba casarse con Masha, pero que había sido rechazado. No había dudas acerca de ello, Brooks pasó a ser el principal sospechoso en la lista de la policía. Ellos lo visitaron en su apartamento de Kirat Yam, cerca de Haifa. Cuando Brooks contestó a la puerta, un detective le dijo. "Hemos venido por lo de Masha". El detective se sorprendió cuando Brooks respondió, "¿Cuándo se suicidó?" Ya que nadie había mencionado que estuviera muerta, ésta se consideró una respuesta extraña. Brooks fue llevado a Jerusalén y se le tomaron las huellas digitales. Cuando se estableció que sus huellas digitales concordaban con las tres encontradas en el apartamento de la mujer muerta, fue arrestado. Todo el tiempo afirmaba que las huellas habían sido dejadas por él ocho meses atrás cuando había visitado el apartamento. La policía, que conocía la manía de Masha de lavar las paredes cada semana, ni por un minuto creyó que las huellas tuvieran ocho meses de antigüedad. Las leyes israelíes no permiten que las autoridades tomen muestras de sangre o impresiones de los dientes sin el permiso del sospechoso. Brooks se negó a cooperar. Sin embargo, cuando los funcionarios se enteraron de que sus dientes superiores eran falsos, obtuvieron una orden de la corte para sacárselos. Un experto hizo un molde de los dientes y los comparó con las marcas en la espalda de Masha. Aunque vio que concordaban, solicitó una impresión de los dientes inferiores antes de dar una opinión definitiva. Se obtuvo una impresión de los dientes inferiores del sospechoso recuperando una porción de queso no comida. El experto pudo ahora establecer definitivamente que Brooks había sido quien había mordido la espalda de Masha. Mientras estaba en la cárcel, Brooks enfermó seriamente. Fue llevado rápidamente al Hadassah Hospital, donde se le diagnosticó una grave enfermedad de próstata. Como resultado fue operado inmediatamente. La policía aprovechó esta oportunidad para tomar una muesta de su sangre. Los análisis probaron que el tipo de sangre de Brooks concordaban con la saliva encontrada en la blusa de Masha. Brooks se recuperó de su operación. En 1985 fue sometido a juicio por el asesinato de Masha. Los abogados de la fiscalía revivieron el hábito de Masha de lavar sus paredes, las huellas digitales de Brooks en el apartamento, la marca de sus dientes en la espalda de la víctima y su tipo de sangre que concordaba con la saliba en la blusa de Masha. Fue presentada evidencia científica que indicaba que las huellas digitales de Brooks encontradas en el apartamento no podía tener ocho meses de antigüedad. Aunque la evidencia era circunstancial, era abrumadora. La defensa podía sólo señalar que no había sido encontraba arma alguna, no había testigos oculares, ni confesión y no había sido establecido el motivo. Por encima de todo, era imposible asegurar si el asesinato había sido premeditado o no. En Israel, tres jueces se sientan a reflexionar sobre la evidencia presentada en un juicio por asesinato, en lugar de consultar un jurado. El 8 de julio de 1986, casi dos años después del crimen, Shmuel Brooks fue encontrado culpable de asesinato. Fue sentenciado a prisión de por vida. Brooks apeló la condena, pero la Suprema Corte rechazó su apelación. Permanece en prisión en estos días.
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