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El accidente ferroviario más grave de los últimos 25 años en Bélgica, con al menos ocho muertos, conmovió ayer al país, en un momento en que la coalición gubernamental "arco iris" está enzarzada en torno al futuro de los ferrocarriles estatales. |
El accidente ferroviario más grave de los últimos 25 años en Bélgica, con al menos ocho muertos, conmovió ayer al país, en un momento en que la coalición gubernamental "arco iris" está enzarzada en torno al futuro de los ferrocarriles estatales.
El siniestro se debió a un error del conductor de uno de los dos trenes que chocaron frontalmente en la localidad de Précot (sur), según dijo Jean Denayer, responsable de infraestructura de la Sociedad Nacional de Ferrocarriles Belgas (SNCB).
"Se saltó un semáforo en rojo a la salida de Wavre y circuló a unos 90 kilómetros por hora atravesando una docena de pasos a nivel, cuatro de ellos sin barreras, que no se cerraron. Ello debería haber alertado al conductor", subrayó Denayer en rueda de prensa.
Ese conductor manejaba un tren de pasajeros de dos vagones que circulaba vacío, mientras que el otro viajaba en el momento del siniestro, a las 06.32 GMT, con unas 80 personas, en su mayoría estudiantes que iban a Lovaina La Nueva.
Al menos ocho personas murieron -entre ellas un niño de 8 años- y otras nueve resultaron heridas de diversa consideración al chocar los trenes en la línea Lovaina-Ottignies, según el último informe oficial.
Los conductores de los dos trenes, dos revisores y cuatro pasajeros perdieron la vida.
Las autoridades han alertado de que el resultado de la tragedia puede empeorar porque aún no han finalizado las operaciones de rescate entre los amasijos de hierros.
Cuando algunos testigos se percataron de la inminencia de una tragedia y dieron la alerta, las autoridades ferroviarias cortaron la corriente para bloquear al tren vacío procedente de Wavre, pero "fue demasiado tarde", declaró a EFE una portavoz de la SNCB.
La colisión tuvo lugar en el Brabante francófono, una zona residencial a una treintena de kilómetros de Bruselas habitada principalmente por funcionarios de las instituciones internacionales.
"Se trata de una catástrofe especialmente grave", subrayó a la cadena de televisión "RTL" el ministro de Finanzas, Didier Reynders.
El accidente ferroviario más grave de Bélgica se remontaba al 15 de agosto de 1974, cuando un tren de pasajeros que efectuaba el itinerario Charleroi-Bruxelles-Anvers descarriló en un puente y causó 18 muertos y 69 heridos.
Pese a contar con un balance muy inferior al registrado hoy, Bélgica se ha visto afectada en 2000 y en 2001 por incidentes ferroviarios de mayor o menor magnitud.
El Sindicato Independiente de Ferroviarios (SIC) puso de manifiesto ayer los problemas de seguridad y señaló que los accidentes se multiplican.
Los ferrocarriles belgas han admitido que en los tres primeros meses del 2000 conductores de trenes de la SNCB se saltaron la señalización en 21 ocasiones, el doble que en 1999.
Inmediatamente después del accidente de hoy, los Reyes Alberto y Paola visitaron la zona, así como el primer ministro, el liberal Guy Verhofstadt, y la viceprimera ministra y titular de Transportes, la ecologista Isabelle Durant.
Paradójicamente, Verhofstadt y Durant se vieron obligados a abandonar una reunión del Consejo de Ministros en la que se abordaba el espinoso tema del futuro de la SNCB, comentó la emisora de radio pública "RTBF".
Durant dijo que "habrá que tomar cartas" para combatir con más vigor los problemas de seguridad.
No en vano, la catástrofe coincide con un vivo debate en el Ejecutivo belga sobre el futuro de la SNCB y su proceso de reestructuración, con el telón de fondo de las tensiones regionales, destaca hoy "Le Soir", el diario francófono de mayor tirada, que se hace eco en su portada de la polémica gubernamental.
La coalición "aro iris" -integrada por liberales, socialistas y ecologistas- debate las reformas liberalizadoras que la Unión Europea quiere acometer en sus estados miembros.
Los opositores socialcristianos francófonos exigen mantener la "unidad" de la SNCB, rechazar la presencia de las regiones en el Consejo de Administración de la sociedad pública y no ceder a las tentaciones de una privatización.
La tensión también está servida entre liberales y ecologistas. El ministro de Finanzas, el liberal Reynders, reprochó la semana pasada a su colega Durant (ecologista) que exija una intervención financiera adicional del Gobierno a favor de inversiones en el ferrocarril en los próximos diez años antes de "presentar un plan". |