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TEMAS DE ACTUALIDAD
Riqueza Patrocinada

Dr. César Quintero Sánchez
Para el ciudadano común, hay varios caminos para hacerse rico en Panamá. Uno de ellos es ocuparte de un trabajo manual, técnico o profesional o fundar una microempresa y luego de varios lustros de esfuerzo y desarrollo continuado, acumular una cifra respetable en tu cuenta bancaria. Sin embargo éste no pareciera ser el camino utilizado por un considerable número de connacionales, por lo que esta semana haré una breve reflexión sobre algunas otras alternativas. Una de las posibilidades es asociarte, si tienes los contactos apropiados, con algún ilustre desconocido, quien al parecer dispone de todos los dólares del mundo, para fundar una organización o desarrollar una serie de proyectos costosos. Definitivamente que en este alto nivel social, nadie quiere saber ni le interesa de donde proviene semejante fortuna, siempre y cuando no aparezca de pronto su foto y antecedentes delictivos en la primera plana del periódico o el noticiero de la televisión en su país de origen. En este caso todos sus compadres y socios renegarán de él, antes de que cante el gallo, la primera vez. Una de las opciones más impactantes para el común de los asalariados mínimos, que tienen que esperar décadas para ganarse algunos miles con el sudor de su frente o su espalda, es el acto mágico de cómo se transforma la cantidad y la calidad de vida de una persona ordinaria, con el solo hecho de llegar a ocupar un alto puesto público con mando y jurisdicción. Para los simples observadores del acontecer diario como yo, se nos ocurre que este acto houdinesco antes descrito, se hace posible por la existencia de un sector de pseudoempresarios nacionales y extranjeros que se han acostumbrado a jugar a lo seguro. Por un lado se desgañitan hablando de libre empresa, mientras por el otro son capaces de ofrecer cualquier cosa, a cambio de que su actividad económica pueda seguir ejecutándose como un oligopolio o monopolio, ahora privado. Quienes decidieron durante la última década, vender las empresas estatales sin la previsión razonable de que la gestión privada iba a ser posible el crecimiento de la masa laboral en la magnitud y nivel de ingreso que asegurase su capacidad adquisitiva y por otro lado se desvivieron por asegurar el provecho y las ganancias, no del ciudadano común sino del sector inversionista, no sé por qué ahora manifiestan su asombro y perplejidad ante la incapacidad del Estado, en hacerle frente a los gastos de funcionamiento e inversiones en el sector social, cuando esto tan solo se trató de la crónica de una muerte anunciada. Desgraciadamente en esta oportunidad, se trata de la agonía y probable deceso de los principales programas y proyectos que deberían realizarse para saldar la enorme deuda social acumulada que se ha contraído con los sectores más humildes de esta nación, en las áreas de salud, vivienda, educación, alimentación y ofertas de trabajos dignos, a expensas de la concentración de la desproporcionada riqueza de unos cuantos patrocinados. Finalmente, si los negocios en los que interviene el Estado tales como contratos, construcciones, provisiones, seguros y privatizaciones a nivel de todas las instancias políticas, sectoriales y geográficas incluyendo ministerios, entidades autónomas y semiautónomas, no se realizan con la transparencia suficiente que traduzca en forma diáfana, la oportunidad real de todos a participar en beneficio del bien común, jamás remontaremos el subdesarrollo mental, moral, social y económico al que todos aspiramos superar. No está de más expresar que la Democracia Política, Social y Económica y una Sociedad basada en la Libre Empresa con todos sus defectos, son la mejor concepción de la Humanidad, para asegurar la mejor calidad de vida y bienestar de las personas. Ojalá entre todos nos esforcemos porque sus principios básicos no sólo queden en simples enunciados.
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