Una de las frases más famosas de la estrella de baloncesto Michael Jordan, y que incluso fue usada para un comercial de zapatillas, reza: “He fallado una, y otra, y otra vez. Es por eso que he tenido éxito”.
Estas palabras implican dos cosas: primero, que al fracaso no hay que tenerle miedo. Y segundo, que de hecho el fracaso es un pre requisito para el éxito.
El único que no se equivoca es el que no hace ni dice nada. Igual que Jordan, la vida de personas exitosas en diferentes ramas está plagada de tropiezos, errores y derrotas, de cuyas experiencias se saca la fórmula para lograr el triunfo.
Para ellos, las derrotas, por más aparatosas y escandalosas que sean, son un reto. Las caídas son para aprender a levantarnos.
Por eso es que algunos mencionan con razón que el éxito, en realidad, es un “estado mental”; un manera de pensar que nos permite sobreponernos al miedo, a la incertidumbre, y al fracaso personal.
No hay nada peor que una persona sin esperanza, que piense que “no puede” por A ó B razón. Y resulta deprimente escucharlos.
Siempre están prestos a encontrar cualquier excusa para no tomar las decisiones difíciles que los sacarían del hueco en que se encuentran.
Lo peor es que ninguno de nosotros nacimos así. Como niños, todos estamos ávidos de aprender cosas nuevas, y vivimos en una permanente y entusiasta exploración del mundo. Es cuando vamos creciendo que nos cremos las palabras pesimistas que nos lanzan encima.
¿Que si se van a burlar de nosotros? ¡Qué importa! ¿Acaso los hipócritas y envidiosos nos van a ayudar a superarnos? Esto es responsabilidad de uno mismo.
Si no nos ponemos en control de nuestras propias vidas, la vida nos pasará por encima. No podemos escondernos del tiempo.