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Siempre en cuaresma, por allá en La Chorrera en medio de la llanura de La Mitra, desde los tiempos de Colombia, sale una luna redonda y amarilla parecida a un gigantesco queso. Lustros atrás, los caminantes eran iluminados y observados a dos leguas de distancia. La mayoría de los viajeros se entretenían con el estremecedor canto de las aves nocturnas y por el testafeo de los galápagos tejidos, que abundaban en los aguadales de Las Albertas. Por ese sendero del llano, todos caminaban de prisa, con tal de no ser sorprendidos por la media noche, en los alrededores de la famosa Peña Blanca.
Una de dos, La Peña Blanca de La Chorrera, es un capricho de la naturaleza creado por Dios, o es un espejismo del mismo diablo. Lo cierto que es una piedra muy grande y solitaria en medio de la llanura, redonda y sobre ella un piso muy liso de doce pies de ancho, esa roca nadie la ha pintado y luce un nacarado impresionante, incluso se ve en las noches oscuras con un tono fosforescente, algunos la hemos esculcado y su epidermis lactescente no es de cagadura de pájaros ni de reptiles, su color y no la bruja que allí se observa bailando en los días cuaresmales, es uno de los más enconados misterios chorreranos.
Una mujer alta, blanca y enteca ha sido vista, moviéndose sobre esta piedra a las doce de la noche en muchos días de cuaresma y Viernes Santo. Los cuentos de camino relatan que se trata de una española criada en Capira, que fue violada y asesinada en ese lugar, crimen que nunca fue esclarecido ni tomado en cuenta por la justicia. Dicen que la mujer danza suavemente como una silueta conformada por lienzos blancos salidos de la misma roca, luce sus brazos en alto, un cuello largo y grácil que parece de humo estirándose en espirales. Dueños y conductores de recuas han asegurado que son formaciones de neblina que se posan sobre el peñón y al mismo tiempo se interrogan, ¿por qué se queda tanto tiempo danzando sobre el mismo lugar? Si no fuera por los ladridos de temor que dan los perros, el maúllo aterrado de los gatos y los aullidos nerviosos e insistentes de los lobitos de cerro, cada vez que esa mujer sale en las noches, la gente no tuviera ese miedo por la Peña Blanca de los llanos de La Chorrera.
Lo curioso, es que todos los caminos que se han trazado en los últimos años, ha evadido a propósito el paso por la famosa piedra, como para que no sea vista ni de cerca ni de lejos, pero allí está, hoy en día en medio de un potrero, convertida en un amanecedero de murciélagos y en donde las vacas cuando oscurece, se alejan misteriosamente como para no hacerle compañía a la solitaria formación de granito. |