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Si como dice el dicho popular de que a lo malo hay que sacar algo bueno o mejor, tomarlo por el lado amable tendríamos que señalar que las chicas panameñas al menos se atrevieron a exponer y arriesgar sus habilidades dentro del fútbol femenino enfrentando su primera experiencia internacional y que pese al resultado adverso, les dejó muchas cosas para aprender en sus vidas.
Al menos, se atrevieron a acudir desde antes, al llamado de una federación que ha sabido exponerse a las agrias reacciones y comentarios y seguir con su proyecto de que al fútbol panameño hay que darle participación.
Al menos, estas chicas panameñas se atrevieron pese a sus limitaciones, virtudes y defectos propios de su edad de adolescencia a cumplir un sueño que todos y todas quisieran tener como el de vestir la camiseta nacional y jugársela por ella, conscientes de que tarde o temprano serían el centro de atención de todos.
Al menos, se atrevieron a responder a los duros entrenamientos de un técnico que como Christian Saborío realmente reconoce, era su primera ocasión que entrenaba a un equipo femenino estando acostumbrado a entrenar a equipos masculinos.
El equipo y su delegación, se atrevió a lanzarse realmente a la aventura a la que no estaban acostumbradas en el que el trajín del largo viaje por carretera, la experiencia de que para casi todo el plantel era la primera vez que viajaban al exterior, experimentando los cambios en los hábitos alimenticios, la añoranza de su hogar con una familia que se preocupa y espera mucho de sus niñas, y el conocer lo que fue una concentración de grupo.
Al menos, se atrevieron a exponerse a la presión del primer juego, en el que muchas de ellas tenían confianza en sí mismas pero tuvieron un miedo comprensible en el que muchos tratamos de ser consejeros y ofrecer una mano amiga, de allí que la palabra "amistad" se hiciera presente cuando más se necesitaba. Tenían que aprender a saborear el ganar y perder, aunque fue este último lo que probaron.
En el primer juego, se trató de jugar con todo en contra y el segundo, ante nuestra propia gente encontraron quienes quisieron jugar en su contra. Arbitros de mal papel en el campo como los que pitaron en Chiriquí y las ansias de figurar de ciertos dirigentes fueron tan solo ejemplos, agregando la incomodidad de un dormitorio del INDE comparado a las cinco estrellas de un hotel davideño para las ticas.
Al menos, pudieron confraternizar con sus colegas vecinas en el que más allá de una "clásica" rivalidad futbolística de años, se reencontraron viejas amistades, el recuerdo de una pequeñita quien futbolísticamente se crió en Panamá, y se formaron otras nuevas.
El técnico Saborío y sus chicas hicieron todo lo posible pero dominó la ingenuidad y la falta de malicia dentro del campo, supieron sus limitaciones, y ahora les tocará corregirlas en esta semana que falta para su debut oficial frente a Nicaragua, el próximo 20 de marzo en el Rommel, en el que todos debemos apoyar.
Sólo queda imaginarse la postal que vivimos cuando al llegar el bus a la capital, la inocencia de una Yiannina Fuentes le decía a su tigre blanquinegro de ojos azules de peluche: "La próxima, vamos a ganar" y le dio un tierno beso, para soñar e invitar a que podamos hacer de ese sueño futbolero, una linda realidad. |