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Faltan calvos en la Asamblea

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Julio César Caicedo Mendieta

Para los señores legisladores de la República, la decisión de escoger al nuevo defensor del pueblo, será muy difícil. Los méritos de los postulados tienen basamento en sus aptitudes a nivel profesional e impecable récord de conducta: Justo, moral y ecuánime. A nivel laboral y doméstico nunca se ha escuchado que alguno de los candidatos y defensor del pueblo, sea un vicioso, un apostador esquizofrénico, haya faltado a una pensión alimenticia, maltratado a un niño o acosado sexualmente a un subalterno.

Cuando los individuos se ven enfrentados, como lo están de acorralados nuestros diputados, a situaciones que los ponen en posiciones de elegir "libremente" a través de un juicio valorativo, a una persona para un cargo tan importante como el Ombudsman, dentro de destacados profesionales a nivel nacional, pueden confluir a la mente de los seleccionadores fenómenos por arraigos físicos, que pueden ser determinantes y se corre el peligro de alejar del proceso de escogencia, la buena mesura.

Supongamos que de los setenta y un legisladores de la nación, un treinta por ciento sean: Tuertos, cojos, mancos o calvos... Como reza nuestro título. La simpatía oculta a su frater de tara accidental o hereditaria, sin duda alguna podría viciar los elementos de juicio a la hora de elegir al candidato más idóneo. Por fortuna en la Cámara Legislativa no existen tuertos, cojos, mi mancos y nadie quiere ser ¡calvo!, que es el miedo terrible que tengo con mi candidato.

¡Los calvos son buena gente...! Yo creo que es hora de hacerle plena justicia a los calvos panameños y más si uno tan prominente está en la palestra y a punto de ser defensor del pueblo. Los calvos, esos paladines que siempre los hemos tomado como referencias en las angustiosas filas de los bancos y acusado injustamente de encandilar al resto de la ciudadanía, podrían ser elevados a un nicho importante de nuestra historia, si nuestros legisladores, como auténticos representantes del pueblo lo eligen, dándonos la oportunidad de resarcir nuestras almas, frente a este grupo tan menospreciado por el resto de los istmeños con melenas frondosas y ondulantes al viento.

Yo les juro a los honorables legisladores, que no conocemos calvo malo. Los antiguos egipcios se rapaban el cabello porque lo consideraban algo sucio. Las monjas lamas, sinónimo de la tolerancia, la paciencia y la sabiduría, dicen que una testa carente de cabellos, estigmatiza la santidad y la entrega dadivosa. Gorbachov, a pesar de su perestroika y glasnost, será recordado en los anales de la historia reciente como un buen cocobolo.

Como aspirante a asesor de asuntos de Estado en la Asamblea, yo considero firmemente que sería beneficioso para el país, que los legisladores escojan al calvo, así observará el pueblo cómo el sol pegará directamente en esa valiosa jupa de ajo, cada vez que se necesite como reflector un cegador rayo de luz, que ilumine a la ciudadanía cada vez que haya una injusticia de su incumbencia.

 

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