El trágico naufragio del "Titanic" pareció salpicar las aguas del Pacífico panameño, casi un siglo después. Pero en vez de un lujoso barco, la tragedia envuelve a la panga "La Práxedes".
La embarcación se hundía poco en Punta Caracoles, Darién, pero nadie quería saltar al mar. La ayuda nunca llegaba. El instinto de superviviencia era fuerte. Cuando ya la pequeña nave estaba repleta de agua, no hubo más alternativa para los 27 ocupantes que lanzarse al Océano Pacífico.
Fueron momentos terribles, niños, jóvenes y adultos trataban de aferrarse a cualquier madero o material flotante. Ilda Arboleda, una refugiada colombiana, hizo un relato desgarrador. Ella veía cómo el mar se tragaba a tres de sus hijos y a otros compañeros del naufragio. " Mamita, mamita", fue lo último que escuchó de Johny Panezo, "El Negro", su hijo preferido.
Era como si fuera una escena de esa película que llevó a la pantalla la tragedia del Titanic. Serena, producto de los sedantes, Ilda explicó a "Crítica" el peor momento de su vida, cuando el miércoles a las 9: 00 a.m. su esposo Jonathan Panezo avisó a los tripulantes, que la embarcación se estaba hundiendo. Panezo pidió a los adultos que saltaran al mar, y dejaran a los menores dentro de la lancha para evitar que se hundiera, pero nadie se movió. Cuando una gran cantidad de agua ingresó a "La Práxedes" los pasajeros decidieron saltar, pero ya era tarde, la panga se sumergió en segundos.
Con el hundimiento, Ilda recibió el primer trago amargo, pues con la lancha se fue al fondo su hija Kiara Panezo, de 16 años. La mujer confiesa que fue muy duro aceptar la muerte de su hija, pero mirar el rostro de "El Negro", le dio fuerzas para seguir nadando y flotar con la ayuda de un tanque de gasolina, que luego de calentarse con el sol le causó profundas quemaduras en el brazo derecho. Esa inspiración se vio cortada de tajo, cuando su pequeño de cinco años repitió "mamita mamita", antes de desesperarse y zafarse de los hombros de su primo Edwin Rivas, quien lo socorría. El grito de "El Negro" estremeció a Ilda; no fue capaz de mirar atrás, por el dolor de perder a su hijo preferido y la razón de su existir. ¡Se me ahogaron mis dos hijos!, ¡Se me ahogaron mis dos hijos!, sollozó y exclamó Arboleda con angustia a Práxedes Ibargüen, otra de las sobrevivientes, quien es dueña de la lancha que naufragó. En ese momento le dijo a su compañera de tragedia: Apenas me queda ésta. Se trataba de Nilka Pulgarín, de 13 años, su otra hija adoptiva. Arboleda sintió que el mundo se le acababa, pero aún así se aferró a Pulgarín, a quien llevaba sobre una tabla. Pero Nilka se desesperó y empezó a preguntar en medio del mar ¿dónde está El Negro?, ¿dónde está El Negro? Pulgarín se percató de que el pequeño había desaparecido. La niña se puso morada y todo indica que sufrió un infarto fulminante. Su cuerpo se sumergió entre las aguas, pero luego fue rescatado. El último aliento de vida de Ilda se hundió junto a Pulgarín, pero ese no era su día de morir, casi al instante apareció una lancha que la salvó a ella y a otros cuatro sobrevivientes del naufragio.
Los náufragos enfrentaron tres horas de agonía en el embravecido mar de Punta Caracoles. El frío de las corrientes, los calambres y el agotamiento le arrancaron la vida a once de los tripulantes.
La embarcación salió temprano con destino a La Palma-Puerto Quimba y finalmente a la Feria de Santa Fe donde jóvenes del equipo Jaqué Fútbol Club participarían en un certamen de ese deporte. Cuatro chicos refugiados integraban la selección. Siete de los 18 integrantes del equipo están desaparecidos.
El padre Abdiel Juárez, quien debía ir en la embarcación junto al equipo de fútbol de jóvenes de Jaqué, pero quien decidió irse en un vuelo comercial hacia Santa Fe, salvando por designos de Dios su vida, contó cómo el portero del equipo, José Luis Peralta, pudo vivir, al nadar una larga distancia hasta la orilla de la playa de Punta Caracoles..
Ayer entre el dolor que embarga a los lugareños quienes no se despegan del puerto de Jaqué, los propios pobladores confeccionaban el féretro de madera que albergará el cuerpo de la menor Pulgarín, único cadáver recuperado.
El Sistema Nacional de Protección Civil informó que se lograron rescatar a 15 personas, 11 están desaparecidas y se mantenía confirmada la muerte de la menor Nilka Pulgarín.
El Fiscal de Darién, Enrique Pitti indicó que en la panga iban muchas personas y en el área del naufragio hay una fuerte corriente de agua proveniente de países como Ecuador y Colombia, que arrastra cuerpos humanos ahogados y toda clase de basura, que los deposita en el sector de Playa Muerto.
Los moradores del pueblo de Jaqué encararan el sufrimiento de la perdida de sus jóvenes promesas del deporte. El dolor se ha apoderado de la comunidad en la que conviven colombianos desplazados de la guerra junto a panameños afros e indígenas y familiares de las víctimas que llegaron ayer vía marítima desde Juradó y vía aérea desde la ciudad de Panamá.