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Polvo somos, efectivamente, puesto que del limo de la tierra salió Adán y de éste descendemos todos, y en polvo hemos de convertirnos, al poco tiempo de ser enterrados y depositados en el cementerio.
Meditemos cristianos acerca de por qué se ensorbece y presume tanto el hombre y por qué mima e idolatra tanto al cuerpo y los motivos que esgrime para ordenar toda su vida, su talento, sus riquezas y sus inventos, para complacerlo y regalarlo.
Señalan los sagrados libros que antes de la misa conventual o parroquial, se bendice la ceniza, sacada de los ramos benditos del año anterior.
Los Ministros del altar usan ornamentos morados, cual corresponde a este rito penitencial. Tanto los textos como el canto que los acompaña, son una exhortación a la compunción del corazón y a la penitencia y enmienda de la mala vida pasada.
Asistamos con devoción y santa tristeza a esta ceremonia venerable que nos introduce en el ayuno de la sagrada Cuaresma, y al llegarnos el turno para recibir la ceniza bendita, inclinemos humildemente la cabeza, y acatemos con resignada sumisión, la sentencia de muerte que, en nombre del Creador, nos dicta a cada uno hoy la Santa Iglesia. |