Navidad sin Noriega", dijo en voz alta el señor. Lo miré asombrado mientras repetía la frase. Hubo una risita entre los otros presentes en la charla.Era el último día del año dos mil siete y estaba en Volcán. Buscando un servicio personal, quedé dentro de una charla que recordaba lo ocurrido en ese sitio durante la invasión (liberación) que tumbó al dictador Noriega.
"Había armas por todos lados. Se podía ver hasta muchachos con metralletas y rifles, que habían tomado de un contenedor que estaba por los bomberos", señaló el caballero.
Dijo que por el pueblo se escuchaban disparos y había muchos tranques en las calles. Algunas personas se reunieron en el Parque, donde "jugaban" a luchar contra los invasores.
"Muchos militares salieron huyendo de miedo. Se quitaron el uniforme y quedaron en calzoncillos porque no querían que los identificaran como de las Fuerzas de Defensa", añadió el señor.
Se habló del Jefe de la Zona militar, quien huyó en un auto sin uniforme hacia la frontera.
"Un sargento (me reservo el nombre) que era bien malo también salió huyendo en calzoncillos y ahora es guardia de seguridad", dijo uno de los presentes.
Poco podía añadir a la charla porque se refería a lo que se vivió en Volcán en esos días. Mencioné que no hay libros que señalen estos hechos históricos, porque la gente prefiere olvidarse de lo sucedido, por temor a represalias.
Se dijo que había el plan de matar a gente de Volcán por parte de los Batalloneros y decir después que fueron los gringos.
Hablaron que algunos de los norieguistas rodearon una casa de uno de los presentes, y un vecino los correteó disparando ráfagas al aire. "Todavía están los huecos de balas en el frente de esa casa", aseguró el afectado.
Cuando llegaron los soldados norteamericanos los batalloneros desaparecieron y no los enfrentaron. ¿Qué se hicieron esas armas?, es la pregunta que circula dieciocho años después...
Me llamó la atención que todavía la gente de Volcán recuerda los dolorosos días de la dictadura y la invasión.
Y ellos no son los únicos. Días después, en Cerro Punta, una anciana me relataba la muerte de la señora Flora.
"Ella le decía a todo el mundo que había visto vivo al Dr. Hugo Spadafora en Chiriquí. Tal vez por eso la callaron y dijeron que la mató un ladrón", aseguró la dama pensativa... Por lo visto, esa gente sigue la consigna de "está prohibido olvidar los desmanes de la dictadura".