Todo pueblo guarda en su memoria un momento triste y Las Tablas no es la excepción. Ayer los tableños rememoraban un incidente que para muchos significa más que una tragedia un milagro.
El 26 de febrero de 1958 se escuchó un grito desesparado de sus pobladores: la iglesia de Santa Librada ardía en llamas, "le correspondió a doña Laura Espino Díaz de Arosemena da la voz de alerta, pues al salir del Templo luego de rezar esa mañana se dio cuenta de que uno de los altares laterales estaba ardiendo y presurosa salió a gritar: fuego..fuego.. Corrió a la casa Cural a darle aviso al cura párroco Dr. Celestino Díaz y Cabañas, quien corrió de inmediato al Templo en compañía del señor Bolívar De Gracia, presente en la casa Cural en ese instante".
Esa descripción hace la obra " Santa Liberata de Las Tablas" cuya autora Aida María Díaz Domínguez publicó en 1996, quien nos hizo llegar algunos pasajes para la redacción de esta nota en conmemoración de los 30 años de este episodio triste, pero con enormes pinceladas de heroísmo.
La historia narra que llegaron carros bomberos de Guararé, Los Santos, Chitré y Parita durante las cinco horas de esfuerzos y trabajos. La obra describe la actitud valiente del entonces párroco de Las Tablas quien se mantuvo de rodillas frente al altar mayor mientras la iglesia ardía, a pesar de que los bomberos le pedían la que saliera por su seguridad, quienes lo sacaron de la iglesia casi asfixiado, pero aun así continuó clamando a la Virgen que protegiera su templo.
Caída la tarde, el fuego fue sofocado, la iglesia quedó con gran parte del techo quemado y el resto caído totalmente, pero milagrosamente el retablo elevado de Santa Librada crucificada quedó intacto, no le pasó nada.
Esa misma tarde el pueblo tableño se reunió en el parque Porras y en colecta pública reunieron B/. 3,000 dólares en efectivo y numerosas ofertas de obsequios de ganados, cerdos, etc., en beneficio de la iglesia.
Al día siguiente, el 27, el mismo párroco nombró un comité de ciudadanos reconocidos para recaudar los fondos de la restauración.
La iglesia recibió un sin número de donaciones incluso del Gobierno nacional lo que llevó a convertir el templo de la amada Virgen moñona, en uno de los más representativos de la región de Azuero.