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La inquieta juventud colonense siempre encuentra algo con divertirse, sobre todo en dos fechas del año en donde pueden hacer gala de su talento que observan desde chicos y grandes y llama la atención por su esmero en lo que realizan.
Las fiestas patrias de noviembre significan mucho para los jóvenes porque en estas pueden participar en las bandas de música de su plantel educativo y dar lo mejor de sí a la hora de marchar y utilizar la trompeta, el tambor y otros instrumentos musicales.
Ahora la actual época del año, con la farsa del carnaval es la ocasión propicia para que los inquietos jovenes empiecen a confeccionar sus vestidos de diablo y las máscaras que en los últimos años logran más atractivo a pesar de su diabólicos diseños.
El juego de diablos es el más gustado y es que tan pronto finaliza la Navidad y sin dejar pasar el 9 de enero, los muchachos de Colón ya salen con sus vestidos rojos y negros, mientras trabajan en la confección de sus máscaras, cada vez con algo nuevo y temeroso.
Hacer las máscaras de diablo tiene su secreto que ya no lo es porque es más bien una tradición, como dice Chito García de 18 años, quien en los últimos cinco años no escatima esfuerzos con tal de ser el mejor a la hora de lucir su satánico disfraz.
La tierra para hacer la máscara es preferible hacerla con tierra del cementerio; expresó García quien no sabe explicar el porqué, pero sigue la tradición de ellos veteranos jugadores de diablo.
Se utiliza de todo, tierra o barro, papel periódico para endurecer la forma de la mascara, almidón, y ya el diseño final con colmillos de vaca, algunos con dentadura de tiburón y hay quienes le agregan los cuernos del toro.
El vestido que siempre era rojo a cambiado al incluir el color negro y la tela debe ser fina, hasta terciopelo, dijo García.
Pero la rareza a innovado hasta el látigo comúnmente conocido como;wipi; el cual dan forma de bastón, espada y es forrado con tela para cubrir la madera, mientras que el cordón debe ser grueso para dar fuerte al jugador que desafía al diablo y recibe el latigazo que por cierto duele machismo si no se tienen por lo menos tres pantalones gruesos bien puestos.
El ambiente de Colón y las tradición no pasa y hay quienes gastan hasta 150 balboas como mínimo para confeccionar un traje de diablo que solamente utilizan el miércoles de ceniza para el bautizo, como es el caso de Chito García y sus amigos.
El traje para los fines de semana antes de finalizar la farsa es más sencillo, pero el del bautizo es celosamente confeccionado y protegido para que nadie logre copiar el diseño y la moda que se impone en el tradicional, talentoso, divertido y monstruoso juego, por así decirlo.
Víctor McAla, de la comparsa de los campesinos manifiesta que tienen seis años de realizar las tardes de diablo en la calle cuarta avenida Central, donde las personas llegan hacen una barrera humana y el que desea que el diablo le de latigazos ingresa a la improvisada pista y se divierte.
Las reglas son claras y sencilla, quien quiere jugar entra al circulo y el que no solo observa, dijo mala.
Pero el orden se mantiene, nos dice, porque piden el apoyo de la policía nacional para que ayude a cuidar el área y evitar desordenes y hechos que empañen la actividad veraniega.
Muchos jovenes cubren el costo de sus trajes y máscaras, pero otros son ayudados por sus respectivas comparsas, porque cada quien agrega algo que identifique su barrio imponiéndose en talento, energía y seguidores.
Colón es cuna de culturas y a pesar de los malos tiempos siempre hay algo con que divertirse y pasar un buen rato en familia o en compañía de sus amigos, como en todas partes siempre existe lo negativo, pero en esta ciudad las tradiciones no se pierden y todos disfrutan de los diablos del carnaval sanamente. |