|
Pongo como ejemplo de una sólida y leal amistad la que mantuve con el Dr. Diógenes De la Rosa por más de 40 años. Lo traté personalmente a finales de 1955 a la salida del diario "Prensa Libre" que editaban los hermanos Norberto y Oscar Navarro. El acababa de dejar su columna y el encuentro me pareció honroso, y que lo había admirado desde muy temprano en mi juventud por su talento y la verticalidad de su conducta, tanto en los medios escritos, radiales, incluso como constituyente esclarecido, que permitió una interesante contribución suya en la realidad de la Carta Magna de 1946.
La vorágine de la lucha política, me exigió una militancia a tiempo completo en el apoyo entusiasta que le brindé al Dr. Víctor Florencio Goytía como candidato a la Presidencia de la República en 1956, atraído por el candor de un antimilitarismo que era la razón de nuestra oposición a la de don Ernesto De la Guardia, surgida de la Coalición Patriótica Nacional que en 1952 abanderó al coronel José Antonio Remón Cantera, que antes de terminar su mandato fue asesinado en el viejo Hipódromo de "Juan Franco" el 2 de enero de 1955.
Muchos de los que entusiastamente apoyamos al Dr. Goytía fuimos a parar a la cárcel, amnistiados después por la Asamblea Nacional, unas semanas después de la toma de posesión del presidente electo don Ernesto De la Guardia Jr., quien había derrotado ampliamente al candidato de nuestra simpatía, que con su conducta pasiva, ante los resultados, aceptó la victoria del adversario.
He dicho antes en otros escritos, referente a esta experiencia política de mi juventud, que tan pronto traspuse la cárcel, al llegar a Paraíso, bajo la antigua jurisdicción zoneíta, las autoridades colonialistas avisaban por escrito a mis padres que no podría residir en la Zona del Canal, sino eventualmente ir de visita, lo que me obligó a trasladarme a un hogar mixto de estudiantes en el área del corregimiento de Santa Ana.
Las circunstancias me permitieron un reencuentro con el Dr. Diógenes De la Rosa, quien ya había sido designado secretario ejecutivo del Consejo de Economía Nacional y uno de los principales asesores del nuevo mandatario. Enterado como estaba de las represalias que había sufrido por parte de las autoridades zoneítas, tal como lo dejó expresado, identificándose a conciencia con las dificultades que como consecuencia confrontaba, me nombró en un cargo modesto en su propio despacho de cuya relación diaria me enriquecí intelectualmente y ha significado mucho hasta el presente de mi existencia, amistad que se mantuvo en forma recíproca hasta el día en que asistí a sus honras fúnebres. Nunca en él observé una aureola de grandeza, pese a que era una de las altas cifras de la intelectualidad panameña. |