Habla el dueño de la ferretería de un pueblo pequeño, hombre de negocio y de respeto en la comunidad:
Todos los hombres tienen mujeres además de su esposa. Todo el mundo lo hace. Todo el mundo lo sabe. Así somos los hombres. Realmente no es tan malo...
Habla el estudiante universitario, guapo e inteligente, de una familia de alta sociedad:
La castidad. La virginidad. ¿Por qué me hablas de esas normas anticuadas? Ya nadie las practica. Los jóvenes todos queremos libertad sexual. Hoy hacemos lo que queremos. Nada a la fuerza. Si ambas personas quieren, ¿por qué no?
Habla el autor de varias novelas populares, uno que siente orgullo en llamarse filósofo liberado:
Las viejas normas de moralidad han esclavizado a la gente. Esas normas las produjeron las religiones para mantener al pueblo bajo su control. Ya vamos avanzando hacia un mundo nuevo y mejor. No necesitamos más las religiones ni las restricciones sexuales.
Esta es la voz mentirosa de la nueva moralidad. Estas son las normas que gobiernan la generación actual.
Pero Dios no está callado. Él siempre habla, y siempre habla la verdad. Él no ha dejado de ser un Dios santo. No se ha dado por vencido ante los hombres impíos del siglo veintiuno. Y no ha anulado sus normas santas para la conducta sexual.
Dios siempre nos da su mensaje a través de la Biblia. Pero él está dando voces en una manera nueva hoy. El mensaje es el mismo; sólo el método es nuevo. El SIDA es la voz de Dios.
Señores, olvídense de creer en que pueden hacer lo que le da la gana. Usted no es alguien que se rige o se manda. Desde que Dios creó el mundo, puso sus normas y hay que respetarlas, por ello le invitamos a abandonar sus deseos sexuales depravados porque Dios espera que usted sea un hombre renovado y llego de su gloria.