El "Caballo" Carlos Lee puso a llorar a la pobre pelotita. Allá a lo lejos iba zumbando y fue a parar contra las rocas en lo profundo del bosque izquierdo.
¡Ayyyy mi madre!
De nuevo el lanzamiento y esta vez parecía que se quejaba por el impacto con el bate de madera. ¡Clock!
El coclesano entrenó como un guerrero más. Su toga de Grandes Ligas la dejó en el auto Toyota HiLux con todas las extras y rines de lujo, estacionado afuera del Estadio Nacional.
¡Clock! Y allá va señores. Otra pelotita llorando cruzaba la línea de los 321 pies y se despedía de los entrenamientos. En ese momento el entrenador Ramón Webster gritaba: "son como cuatro que están allá fuera, no se pueden perder".
Algunos jugadores no se movían y otros contemplaban la fuerza del jonronero de los Cerveceros de Milwaukee.