Jueves 14 de febrero de 2002

 

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  OPINION

EDITORIAL
Bochornoso

Con las pasadas fiestas carnestolendas quedó en el ambiente una preocupación social: el comportamiento de los jóvenes dejando al descubierto el estado casi primitivo de la conducta humana.

Resulta necesario reflexionar sobre el desorden público que raya en lo pornográfico que protagoniza particularmente, el futuro de la Patria: la juventud.

El carnaval, considerada una fiesta pagana donde quedan en libertad las pasiones del hombre. Sin ningún tipo de pudor, las calles son el escenario para cada propuesta en el ritual de desinhibiciones sensuales y sexuales.

Jóvenes de ambos sexos, adolescentes y hasta niños se tomaron las calles durante cuatro días dando demostraciones de las contorsiones que sus cuerpos eran capaces de dar, al ritmo de canciones de reggae que sobrepasaban las exhortaciones groseras y pornográficas ejecutadas al pie de la letra por los danzantes.

El famoso baile del "Pike" que invita a "picar" la cocaína, envolverla y aspirarla era ejecutado con febril entusiasmo por estos jóvenes en tarimas ante el aplauso de un público que tejía en sus mórbidas mentes las sensaciones que les trasmitían los bailarines.

Resulta preocupante cómo el comercio se ampara tras esta puerta de inmoralidad cuando representantes de emisoras promovían competencias entre jovencitas a ver quién era capaz de dar mayores muestras de osadías que desembocaban prácticamente en streep teasse.

Y por otro lado, es lastimero ver cómo el talento de la juventud se pierde en la compra y venta de incitaciones inmorales como lo es el lenguaje de algunos cantantes del ritmo reggae que sin escatimo de vergüenza, lanzan a través del micrófono palabras de grueso calibre y descripción inconfundible de actos sexuales.

La moral es un traje que, independientemente de las modas a través de los siglos, sigue siendo la vestimenta que identifica el desarrollo civilizado del ser humano, y si bien es cierto que el carnaval es la licencia para desbordar alegría, no significa que es el pasaporte para desatar los demonios de las pasiones amparadas por el alcohol y otras drogas.

Sin duda que estas fiestas tienen su mayor mercado a la juventud, que se puede divertir con música y bailes, pero no denigrantes de la condición humana.

Tanto en la capital como el interior se observó como no se dispensa ningún respeto a las mujeres. Los borrachos irrespetan a las jovencitas y algunas de éstas víctimas del alcohol protagonizan vergonzantes espectáculos, a cambio de una botella de ron o de cerveza.

Este tipo de situaciones demuestra que la sociedad panameña está pasando crisis de valores morales y por ello, los núcleos que la sostienen, entiéndase familia, educación y formación espiritual, deben revisar sus programas de ejecución. Hacerse los alcahuetes, sólo contribuye a que la degradación moral, se incremente cada año.

PUNTO CRITICO

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