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"Nosotros amamos, vosotros amáis, ellos aman.." De eso se trata el amor y la amistad... una conjugación de claros y sinceros sentimientos de amor que se derivan del aprecio, el cariño, el respeto y la tolerancia que se comparte con nuestro prójimo, sean éstos propios o extraños.
El concepto amor y amistad como se celebra cada 14 de febrero, bajo nombre como, "Día de San Valentín", "Día de los Enamorados" y "Día del amor y la amistad", son tan sólo calificativos que tienden a exaltar la fábula creada alrededor de Cupido con su tradicional arco y flecha.
Pero apartándonos un poco de fábulas, divinidades y/o leyendas, debemos recordar que es Nuestro Señor Jesucristo quien nos ordena "querernos los unos a los otros...", y, en esa misma línea, Gil Atrio nos dice: "... Al amar a tu prójimo eres el eco del amor de Dios..." (Verdades en Punta).
Lo censurable de estas celebraciones, sin embargo (al igual que Navidad, Año Nuevo, Día de las Madres, etc.), es que el énfasis siempre va puesto en, "¿qué le regalo?", interrogante ésta que lleva intrínseco la necesidad de "comprar" algo que le agrade al que lo va a recibir, lo que a su vez sugiere que "aquello" va a ser - ¡debe ser! algo tangible, material, concreto.
¿Se le ocurriría a usted, amable lector, regalar amor, fidelidad, perdón, reconciliación, misericordia, y, encima de todo eso, amistad? Si eres así, te felicito, porque has descubierto que el dinero sólo compra cosas, más no puede comprar amor, amistad y muchos menos felicidad.
Es más este 14 de febrero, hazte el propósito de "regalarte tú", lo que para ti representa ser sincero, honesto, cabal, verdadero, y sobre todo, un individuo - hombre o mujer - de una sola palabra, evitando expresarte con medias verdades, o participando en actos o eventos que te comprometen en una situación de doble moral, lo cual resquebraja cualquier amor o amistad.
Quiero cerrar estas reflexiones con la siguiente anécdota que extraigo del libro, "Sólo para hombres", citado allí por el Rev. Ray C. Stedman, que dice:
Alguien le preguntó a un hombre de negocios, "¿Cuál es su ocupación?" "Soy un cristiano", respondió. "No, no", dijo el hombre. "Quiero decir, ¿cuál es su trabajo?" La respuesta fue la misma, "soy un cristiano". "Usted sigue sin entender, ¿qué hace usted para sobrevivir'". "Mi ocupación de tiempo completo es ser un cristiano, pero empaco carne para pagar mis gastos". ¿Le gustó? Espero que encuentren la moraleja que allí se encuentra.
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