EDITORIAL
Sombras de rapiña se ciernen sobre
el Canal
Un compás de espera
se abre en este año, sin despejar la incógnita de cuáles
serán los beneficios de la generación política que
entre en el Canal en la alborada del siglo 21.
Aquellos conceptos de las últimas estacas del colonialismo y
la quinta frontera se ven ahora como producto del romanticismo que se perdió
en el tiempo y la distancia. Tenemos que admitir que nos aterra el comprobar
que sombras de rapiña se ciernen sobre el Canal.
Aunque es sabido que los franceses y los norteamericanos compraron
al Estado panameño las tierras para construir la vía interoceánica,
de repente han surgido presuntos herederos de tierras que reclaman indemnizaciones
sobre esos terrenos. Los reclamantes en la época norteamericana jamás
reivindicaron esas tierras porque sabían de sobra que eran inadjudicables,
sin embargo, ahora que Panamá está próxima a recibir
en forma integral su soberanía en el área del Canal, se les
ha abierto el apetito de algún derecho sobre esas propiedades.
Algunos trabajadores de Canal, convenientemente agitados, también
hacen reclamaciones de salarios caídos que nunca demandaron cuando
los norteamericanos operaban la vía acuática. Por el contrario,
se dedicaron a vivir "bajo el paraguas del pentágono" porque
así convenía a sus intereses y porque les ofrecía el
gobierno federal de los Estados Unidos mayores y mejores salarios.
El dirigente de los trabajadores zoneítas, Roy Bishop insiste
en venderle a la comunidad panameña la utopía de una demanda
laboral de más de mil millones de dólares si los Estados Unidos
no paga el precio de sus reclamaciones. A ello hay que añadir los
propósitos de los prácticos y de los herederos trasnochados
de las tierras canaleras. Y sabrá Dios qué persiguen los políticos
que al parecer los beneficios del Canal se les antoja como un botín
apetecible.
Existe una cláusula en los tratados canaleros que de fallar
la seguridad de la vía podría hacer que los norteamericanos
recuperen el control del Canal. Esto debe ser una advertencia a los que
están formentando huelgas y a los herederos de última hora
de las tierras de las áreas revertidas. Los panameños tenemos
que dudar de la eficacia de la devolución de esas tierras, ya que
en la primera repartición se quedaron las Fuerzas de Defensa con
los mejores lugares y viviendas por más de una década; ahora
es la ARI la que domina en las áreas revertidas y si no nos mantenemos
alerta, pueden colarse oportunistas y políticos inescrupulosos.
Esta es la razón por la que tenemos serias dudas sobre el resultado
de la reversión de las áreas canaleras. Ya hay una generación
frustrada que sí luchó por los derechos soberanos de Panamá
en la Zona del Canal y que ha sido ignorada por todos los gobiernos.
¿Dejaremos los panameños que nos arrebaten nuestro principal
recurso con privatizaciones y reclamaciones inmoderadas? Es peligroso lo
que está aconteciendo y este año político puede distraer
la atención del verdadero problema.


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