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Almendro presidente de todos

Vladimir Berrío-Lemm
Educador

A las puertas de las elecciones para escoger cargos de libre postulación, nos damos cuenta que en los esbozos de planes de gobierno, los candidatos hablan del desempleo, de tratar bien las empresas, de mirar el turismo y, para sorpresa de muchos, preocuparse por la educación. Eso está muy bien y lo aplaudimos en lo que se merece: no es suficiente.

Por ello hablemos de un panameño que se llama Almendro y al cual postulo para Presidente de la República. Es un habitante segregado y repudiado de nuestro país. Siendo de alta estatura es humilde y sencillo; su piel algo oscura, su cabello rebelde y coposo, fuerte, trabajador y tan abnegado como sus familiares antiguos, que llegaban incluso a dar su vida con tal que sus hijos vivieran en un mundo mejor. Ese es Almendro. A él no lo visitan los políticos para pedirle su voto ni aparecer dándole la mano, pues saben que su alma sencilla está por encima de las elecciones, sean festivas o funerarias.

Vive de alimentos que tienen lo mismo que los nuestros, sólo que él prefiere más líquidos que sólidos y su metabolismo está acostumbrado a largas exposiciones al sol, pues su trabajo diario le ha modificado el código genético. Al final del día, acepta acoger en su seno a aquellos que no tienen un hogar donde cobijarse, y es muy cristiano pues hace el bien sin mirar a quien, y a pesar que le pagan mal a veces dañándole hasta su salud, no juzga a nadie por no ser juez. Algunos han llegado literalmente no a chuparle la sangre pero sí a morderle los pies, pues aunque parezca raro, sin "apellido" ni chequera, tiene muchos muerde-pies e incluso chupa-medias, pese a que la pobreza de Almendro le obliga a estar descalzo y en realidad, desnudo.

Adorna su sitio con bellas flores, (ornamentos del pobre), y disfruta los amaneceres y atardeceres cuando cientos de pájaros vienen a cantarle tonadas silvestres, en tanto que fanáticos insectos le distraen del hambre o de los problemas cuando no hay suficiente agua en los alrededores. Hormigas de distintos tipos, gusanos, orugas de futuras mariposas, decenas de escarabajos (totorrones) distintos, mariposas orgullosas y hasta cucarachas de palo lo saludan a diario. Por otra parte, gatosolos, ñeques y otros roedores, y hasta algunos reptiles no le temen y lo miran desde el suelo hasta la cabeza, pues saben que tiene semillitas que les podrán alimentar en algunas épocas del año cuando él se las lance.

Cuando el sol está inclemente, se ve que un animal o insecto se pone a su sombra, se inmoviliza para aprender de ellos como parte de la naturaleza. También brinda refugio a los perseguidos, pues sus brazos son fuertes para defender y suaves para abrazar fraternalmente sin ningún distingo. Nuestro buen Almendro vive en una isla del Lago Gatún sin agua, teléfono, electricidad ni centro de salud. Allí lo conocen y estiman mucho los extranjeros de una benemérita institución científica respetada en todo el planeta. Con el tiempo los panameños que laboran allí también le han cobrado cariño y respeto. Sobre todo cuando vieron que al tener hijos (pues también los tiene), y ver que su presencia ponía en peligro su desarrollo por no haber suficiente aire, agua, sol, alimentos para todos, Almendro se suicidó para que hubiera suficiente comida para sus hijos, que eran muchos como buen pobre y como manda Dios.

¡Si! Almendro se suicidó para que hubiera comida para sus hijos

Y con su muerte dio comida a otros. Su cuerpo quedó a la intemperie y los limpiaselvas (comedores de carne muerta) lo dejaron en los huesos. Sus huesos los royeron algunos animales hasta quebrarlos. Su méduda la chuparon muchos habitantes de la selva. Al quedar vacíos, fueron casa provisional de escarabajos, ácaros, larvas y numerosa vida selvática. A pesar de todo el bien que hizo no hubo epitafios en su tumba pues nadie la cavó ni le puso lápidas: se disolvió en la tierra.

Y es que este ciudadano panameño, que con su ejemplo nos indica la estatura moral y de trabajo de quien pretenda gobernarnos, es realmente el llamado almendro de las selva tropical húmeda panameña, que, pro mundi beneficio trabaja por los demás aunque no haya nadie entre los candidatos, que se preocupe en serio por el medio ambiente y la enseñanza de la preservación de nuestro habitat.

Requiescat in pacem, excelsior panamensi.

 

 

 

 

 

 


 

AYER GRAFICO
El presidente Lakas y Arturo Sucre examinan la piedra traída de la Luna


CREO SER UN BUEN CIUDADANO
Sin embargo, me dedico a pintorrear la ciudad


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