Los adolescentes viven pegados a sus teléfonos portátiles, están pendientes de los mensajes de correo electrónico, de conectarse al Messenger o de actualizar su perfil en Tuenti o Facebook. Las nuevas tecnologías calan hondo en la sociedad, sobre todo entre los más jóvenes. Un 80% de los niños entre 10 y 16 años tiene un teléfono móvil de última generación, el 44% dedica entre una y dos horas al día a usarlo. Son los datos que se desprenden del informe "La telefonía móvil en la infancia y la adolescencia".
Los jóvenes vivimos rodeados de tecnología, contamos con ordenador, cámara digital, iPod, consolas y múltiples aparatos que llenan las habitaciones y centran la atención para monopolizar el tiempo de uso. Una vez descubiertas las múltiples posibilidades de la tecnología, llegan los últimos modelos.
Los teléfonos móviles ofrecen a sus usuarios libertad, independencia y facilidad de comunicación. Estas libertades pueden llegar a convertirse en dependencia.
Una cuestión que les facilita a los jóvenes el acceso a los móviles es el acceso que tienen para conseguirlos. La mayoría lo consigue a los 11 años, cuando está recomendado que no lo tengan hasta los 16.
Atrás quedaron los típicos regalos que se hacían en la Primera Comunión. La nueva generación vive conectada, está en contacto con la tecnología casi desde la cuna: videos, walkman, Internet, videojuegos, reproductores de CD. Sin embargo, es importante que los padres sepan que no estamos ante un simple juguete.
Es paradójico el hecho de que un aparato tecnológico, que proporciona independencia, cree tanta adicción entre la población adolescente. Vivimos enchufados a un mundo virtual. Si nos quitamos los cascos, si apagamos el móvil, podemos darnos cuenta de que hay un mundo más allá del SMS.