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"En la medicina humanista nada debe ser antes ni primero que la vida del hombre..." (Dr. José Renán Esquivel)
Y en el Instituto Oncológico Nacional (I.O.N.), ese concepto valorativo del hombre se destaca en forma contundente...
Durante los meses de octubre, noviembre y diciembre del año pasado (2001), a causa de una enfermedad que padecía un familiar muy cercano, me vi en la necesidad de visitar el I.O.N. con cierta regularidad, hasta ese día cumbre cuando nuestro pariente iba a ser intervenido quirúrgicamente.
Ya en las instalaciones de ese nosocomio especializado, en compañía de mi hija Indira, ésta me invitó a entrar a la capillita que en dicho lugar existe, para ofrecer una oración por la salud de nuestro enfermo. Así lo hice y me llevé una sorpresa, la más grande y grata sorpresa que jamás había experimentado.
Ocupando la pared que hace de primer plano dentro de ese lugar de oración, y a manera de mural, se observa pintado en dicha pared un gran cuadro que dejaría mudo hasta al más recalcitrante de los creyentes, por lo impactante del mensaje que describe. Y si es verdad que en el I.O.N. ocurrió un lamentable accidente producto de lo que se hizo identificar como "error humano", ello no opaca las virtudes que con el cuadro-mural logró plasmar el artista que lo elaboró.
Amable lector, aunque usted no tenga necesidad de ir - como paciente o familiar - al Instituto Oncológico Nacional (antiguo Hospital Gorgas), lo invito para que se acerque a dicho lugar, y visite la capillita que allí existe, para que experimente, como yo, lo que con toda seguridad servirá como factor decisivo en la transformación de su perspectiva, respecto de lo grande que es Dios.
En dicho cuadro se observa a un cirujano quien, asistido por otros profesionales de la medicina, se encuentra en plena faena realizando una intervención quirúrgica; pero lo que llama la atención, y es lo que le da estatura de una excelente obra que invita a la reflexión, y que al mismo tiempo retrata la personalidad religiosa de su autor, es la imagen de Nuestro Señor Jesucristo quien, parado detrás, pero en medio del médico y sus asistentes, se observa Jesús guiando las manos del galeno en señal de estar salvaguardando la operación, para que la misma tenga el éxito esperado por todos.
El mural en cuestión no es un cuadro cargado de detalles para poner de relieve técnicas ni estilo... sí para recordarnos que Dios siempre será guía para todo los hombres, sin importar lo grande o importante de su profesión, y si nuestro pariente hubiese sufrido algún lamentable revés durante el tiempo que estuvo bajo los esmerados cuidados del personal médico, paramédico y administrativo del I.O.N., después de haber descubierto tan grande protector, guía y benefactor como ese que siempre está allí para guiar las manos de los cirujanos, o sea N.S.J., nada me habría hecho cambiar de opinión en el sentido que Dios, incansable, sigue allí cuidando de tanta gente que al I.O.N. acude en busca de salud. |