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Varios panameños hemos vivido, estudiado o visitado a la Argentina en diferentes épocas, especialmente cuando allí todo era de maravilla. Si había algo que "nos chocaba" era el orgullo exagerado de los argentinos en general, y especialmente de los "porteños", o sea residentes de Buenos Aires, la capital del país.
Por eso ahora estamos atónitos y asombrados ante las vueltas que da la vida. Ver a centenares de argentinos peleando por un pedazo de pan, es algo que nunca pasó por nuestras mentes ante la suficiencia que tenían los "chés".
Argentina ha sido un país que tuvo fuertes corrientes de inmigrantes europeos, hace siglos, como también ocurrió en Chile. Ellos elevaron el nivel cultural y social del pueblo. Además, las vastas riquezas naturales como su enorme "pampa" (Tierra plana apta para el cultivo y la ganadería), hicieron de ese país uno de los más prósperos de Latinoamérica.
Después de la Segunda Guerra Mundial lo que sobraba en Argentina era plata. Ello se logró porque se le vendió carne y granos a los dos bandos en lucha, lo que a no dudar fue un gran negocio.
Dicen los entendidos que Juan Domingo Perón derrochó mucho ese dinero en obras que no desarrollaban al país. Pero la gente lo quiso y todavía lo recuerda (también a su esposa Evita).
Los "porteños" se jactaban de tener el obelisco más alto del mundo, la avenida más ancha y larga del mundo... etc... Recuerdo que molesto ante esta soberbia, dije a una dama argentina que "también tenían la lengua más larga del mundo".
Fue una falta de respeto, es cierto. Pero molestaba a más de uno que los argentinos nos echaran en cara sus riquezas.
Ya en los años ochenta un ejecutivo me decía: "mientras el bife (bistec) se salga del plato, no habrá problemas en Argentina". Ahora sufro al ver la gente destruyendo los comercios para robar comida para sus hijos.
Indudablemente que la bancarrota en que se encuentra en estos momentos Argentina, es resultado de la corrupción y la politiquería.
Malos dirigentes en los últimos cincuenta años son responsables de la crisis que echó al piso el orgullo y la soberbia del pueblo argentino. Claro que no podemos decir que "fue castigo de Dios" por creerse los mejores de Latinoamérica... pero pareciera que la existencia de los pueblos tuviera épocas "niveladoras".
Sociológicamente el fenómeno es comprensible, tanto cuando eran unos vanidosos como ahora que piden "el agua por señas".
¿Cómo habrá quedado el orgullo del porteño argentino?
Lo ocurrido en ese país tan grande y rico, debe servirnos de lección a los panameños, de varias formas. Primero: no hay que vanagloriarse de ser "lo máximo" ni despreciar a los demás pueblos. Segundo: no debe permitirse que la demagogia politiquera arruine la economía del país, y tercero: ¡un pueblo con hambre llegará a la violencia!
Esperamos que se encuentre alguna fórmula para que pueda sobrevivir la inmensa Argentina. Y que sus ciudadanos aprendan la lección, para que sean modestos ante sus logros y no se vanaglorien de ellos. |