VARIEDADES


Asesinatos con mucho ritmu

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Max Haines

Belva Gaertner y Beulah Annan dejaron un rastro de sexo, bebida y balas a través de Chicago. Aun antes de Oprah, Chicago era mi tipo de ciudad. Usted sabe lo que digo, bebida, bellezas y balas. Volvamos por unos pocos momentos a esos buenos días dorados de la prohibición cuando Capone y los muchachos manejaban la ciudad Ventosa. Un gin insípido diluido en tinas fluía como el agua, y las balas zumbaban calle abajo en State St., como un triple de Michael Jordan.

Hacía falta un homicidio extraño y poco común para aparecer en primera plana, así que era bastante inusual para un crimen aparentemente corriente destacarse de la sangre y la violencia reinante. Pero tampoco el público tenía a Belva Gaertner a menudo para proveer el entretenimiento.

Belva era una mujer bien formada, en un tiempo una bailarina de cabaret mejor conocida como Belle Brown. Después de un rápido divorcio del maridito número uno, se casó con William Gaertner, un acaudalado fabricante. Belva definitivamente ascendió en su estilo de vida cuando ató el nudo con Willie. Pero, qué pena, la felicidad conyugal simplemente no era el estilo de Belva. El 7 de mayo de 1920, después de tres años de matrimonio, la pareja se divorció.

Durante cuatro años Belva se divirtió a sus anchas. Chicago era una ciudad amplia y abierta, hecha a propósito para una dama con el temperamento de Belva. Concurría a fiestas, bebía y si su compañero actual le atraía, no tenía reparos en compartir un momento íntimo. O dos. O aún tres.

Muchos estudiosos de la leyenda de Belva están de acuerdo en que ella fue demasiado lejos el 12 de mayo de 1924, cuando metió tres tiros en la cabeza a Walter Law. No había gran misterio en cuanto a quién había despachado al infortunado Walter. Usted verá, en vísperas del altercado Belva y Walter habían pasado algún tiempo en la Gingham Inn, donde, de acuerdo a las declaraciones posteriores del gerente, no se habían servido licores de ninguna clase. Y el Papa tampoco es polaco.

La pareja, si podemos llamarlos así, fueron en el brillante Nash de Belva hasta sus aposentos en el 4809 de Forestville Ave., donde estacionaron. Debería destacar que Walter era bastante pillo también, porque no debería haber estado con la bulliciosa Belva. Después de todo había una Sra. Law en casa, de quien sólo podemos suponer que estaba solitaria y triste.

Pero volvamos a Belva. Ella y Walter estacionaron el Nash y tuvieron una disputa que culminó cuando Walter recibió tres balazos en la cabeza. La pobre muchacha, sintiendo que la discreción era la mejor parte del valor, dejó el vehículo y entró a la casa. Sucedió que la policía estaba cerca y oyó los tiros. Volvieron al auto donde observaron a Walter muerto, una botella de gin y el revólver de Belva en el piso del auto. Un chequeo del dueño del Nash reveló que Belva vivía justo donde el vehículo estaba estacionado. La mejor de Chicago corrió a la casa de Belva y la encontró allí, completa con la ropa salpicada de sangre.

Belva estaba en un profundo desconcierto. Ningún asesino que se respete mataría a su amante en su auto, dejaría su arma en el piso y sería encontraba con la sangre de la víctima sobre sus bien diseñadas ropas. Ni siquiera en Chicago. Mientras que la buena gente de la ciudad Ventosa se ponía al corriente de Belva, otra belleza entraba de puntillas a la escena.

La Sra. Beulah Annan, quien de acuerdo a los patrones vigentes era realmente sensacional, estaba teniendo lo que a menudo es descrito como un tórrido amorío con su amante Harry Kalstedt. El 4 de abril, menos de un mes después que Belva enviara a Walter a su Hacedor, Beulah mató a Harry a balazos en su propio dormitorio con el revólver calibre 38 de su marido.

Esta excusa le cayó mejor a las autoridades que lo que declaró Belva, quien insistía que ella había estado completamente borracha cuando había baleado a Walter, y no recordaba nada. No sé cómo le cayó al maridito Albert.

En retrospectiva, nosotros sabemos que Beulah llamó a su marido porque, como la buena esposa que era, quería ahorrarle el disgusto de encontrar de repente a un hombre muerto en el piso de su dormitorio. Cuando Albert fue a la casa, no pudo evitar notar la botella de gin, los vasos medio vacíos, y la vestimenta ensangrentada de su esposa. Era digno de verse.

No había dudas acerca de ello. Con Beulah en la cárcel con Belva, Chicago se había distinguido por tener dos asesinas muy sensuales y de clase, confinadas al mismo tiempo y en la misma ciudad. Muchas ciudades no pueden siquiera alardear de tener una.

Beulah fue la primera en ser sometida a juicio. Justo antes de la fecha del juicio, dramáticamente, informó al mundo que estaba esperando un hijo. Mientras estaba confinada, y sin duda confundida, contó a las autoridades diversas versiones de por qué había baleado a Harry. El tonto la había amenazado con dejarla después que habían compartido dos litros de gin. Cuando ese discurso fue recibido con algo menos que entusiasmo, afirmó que ambos habían tratado de apoderarse del revólver y ella había ganado.

Esta última versión fue la que su abogado, W.W. O'Brien, eligió para presentar ante el jurado de Chicago. El elocuente O'Brien sacó a Beulah la información de que ella había tomado posesión del arma después de una discusión de borrachos, cerró sus ojos y disparó. Perdido en algún lugar estaba el hecho que Harry había sido baleado en la espalda. No importan los detalles, imploraba O'Brien, tocando brevemente la posibilidad de un momentáneo empujón de Beulah que había movido a Harry en la posición deseada.

Beulah secaba diminutas lágrimas que lentamente se convertían en arroyos en sus mejillas. Ella cruzó sus piernas y sonrió con timidez pero coquetamente al jurado. Era obvio para cualquiera con un poco de materia gris, que Beulah no había estado haciendo otra cosa que defender su honor. Una hora y 50 minutos después de retirarse para tomar una decisión, el jurado retornó con el único veredicto posible. No Culpable.

Dos semanas después que Beulah fuera absuelta, Belva Gaertner fue sometida a juicio por matar a Walter Law. Belva obsequió a todos con citas citables. "El me gustaba y él me amaba, pero ninguna mujer puede amar lo suficiente a un hombre como para matarlo". ¿Qué tal acerca de ésta? "Es una pena por la esposa de Walter, pero los maridos siempre causan problemas a las mujeres".

Observadores de ambos juicios estuvieron de acuerdo en que de las dos, Beulah tenía más belleza natural, pero Belva sobrepasaba a su rival en clase. A través de toda su dura prueba, Belva sostuvo que estaba tan borracha que no recordaba absolutamente nada. No importa su revólver en el piso del Nash. Ignoren la sangre de Walter en sus ropas.

Antes que el jurado se retirara para meditar sobre su destino, Belva, habiendo aprendido con el éxito de Beulah, cruzó sus piernas, se enjugó una lágrima, sonrió débilmente y agitó sus pestañas. El jurado retornó con su veredicto. No Culpable. Belva inmediatamente anunció su plan de casarse nuevamente con William Gaertner y partir para Europa.

 

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