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EDITORIAL
El aparato estatal y la corrupción
Uno de los problemas estructurales de nuestras pseudo democracias latinoamericanas está en los cambios raizales que se producen cada vez que asume un nuevo gobierno. No existen planes a largo plazo ni consistentes pues, como la marea, los proyectos y metas gubernamentales dependen de las fases de la luna partidaria. Asimismo, todo el aparato estatal sufre el letargo de la transición, y se va descascarillando cuando empiezan los despidos y nuevas contrataciones acordes con la nueva rosca.
De esa manera ningún país puede avanzar. Mucho menos cuando un puesto en el gobierno depende de la buena voluntad de un pequeño grupo, que maneja todo el funcionariado como si fueran siervos de la gleba, y decide quién ocupa cuál cargo, siempre y cuando se responda a los intereses del partido, y mejor aún si el aspirante al puesto en subasta tiene familiares o amigos en los altos mandos de la pirámide.
Es así como el aparato estatal se va nutriendo no con la gente más capaz, sino con la mejor conectada. No importa si está preparado, o no. Lo que importa es ocupar eso que se ha dado en llamar "espacio político" con la propia gente.
Aquí está el fundamento de la corrupción en el gobierno. Se sabe que un empleo en el Estado puede durar muy poco, por lo que debe aprovecharse el tiempo para hacer la mayor cantidad de dinero posible. Y como lo que menos importa es el desempeño profesional, tampoco se le pone cuidado a un trabajo bien hecho, sino a los beneficios personales que se van logrando, principalmente si se trata del jefe del partido.
En otras latitudes, principalmente en países más desarrollados, donde no se está libre de corrupción, pero esto no evita que el país camine, el aparato gubernamental está completamente alejado de la política partidista. Cuando cambia un gobierno, quienes van y vienen son los ministros y directores de entidades, así como los vices políticos. Quienes no son tocados para nada son aquellos funcionarios- muchos de alto rango- dedicados a la administración. En Taiwan, por ejemplo, existen los viceministros administrativos, quienes llevan adelante los procesos de gestión, y mantienen al día las agendas que siempre son estructuradas a largo plazo.
Cabe decir que en esos países, en lugar de tres Poderes, existen dos adicionales, uno dedicado a la selección de personal, y otro al control de calidad. Si un funcionario no está rindiendo según el perfil para el que fue contratado mediante concurso, sale del sistema y su lugar es ocupado por uno más capaz.
Esto permite que la rueda de funcionamiento siga girando, a pesar de los cambios políticos. También es beneficioso porque el funcionariado se sabe seguro en su posición siempre que lo que se evalúe sea su labor y no su militancia partidaria.
Algo así se requiere en este país silvestre, que está pasando por las consecuencias de mantener estructuras políticas y de gobierno del siglo pasado.
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PUNTO CRITICO |
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