OPINION


Ejemplo deslumbrador

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Por Fermin Agudo Atencio
Colaborador

El país es testigo del espectáculo denigrante que han montado algunos "Padres de la Patria". No es causal de risa o pena, pesar o desprecio, es simplemente bajuno y todo por el dinero que nosotros los asalariados no podemos acumular. Si los que han logrado alcanzar una posición notoria en la vida política nacional, están en estos momentos en estrechez económica, qué será de los pobres, cuyas manos no pueden suavizar un dólar pasados muchos días. Por eso dije en el pasado artículo que la mentira en estos tiempos, posee tanto crédito, como la verdad. Me viene como anillo al dedo la lectura del libro: La nueva imagen del hombre común de Carl J. Friedrich, cantera de conocimientos de amplio contenido social y político, arsenal de fecundas ideas gloriosas, para lograr el éxito en la interacción social.

Declara el autor, con su respeto y permiso, "El hombre común incluye a ese grupo no poco considerable de ciudadanos comunes de todos los órdenes de la vida que tratan de determinar por qué hacen lo que están haciendo"; doctrina expresiva y simple, pero concluyente, de contenido impresionante y significativo que indica mucho y nos dice, cuántos ni siquiera pueden tocar con las greñas de sus crismas la línea divisoria que separa al hombre normal de la multitud de pocos dotados por la naturaleza que adoptan actitudes incoherentes.

Contemplamos una evidente decadencia de valores, donde el hombre justo y honesto está en franco estado de extinción, los pocos que quedan aún son perseguidos con saña, por los que dan vueltas sin gobierno en el convulsivo meandro del río turbulento. El dinero nos adiestra en el arte de la concupiscencia, de esto, existen abundantes pruebas; pero es igualmente cierto que el mismo fue inventado, para esparcir por el mundo: la envidia, la sandez y las turbias componendas; no pongo en tela de juicio tal comportamiento. Dicha actitud es de carácter constante y de particularidad creciente en la mayoría de los seres humanos. Hemos arribado a tal punto que los labios suelen temblar cuando se expresa la verdad y se extienden hospitalarios de viva hilaridad cuando se modula la mentira.

Estamos contribuyendo positivamente a la degeneración del pueblo, cualquiera que nos envíe un mensaje por serio que sea, puede escaparse generalizadamente por la criba del desperdicio. Aquellos que otrora aliñaban bangañas de billetes, para arreglar posturas a su favor, van a tener que pensarlo tres veces por lo menos en los circuitos conexos a la ciudad de Panamá; existen abundantes razones y hechos tangibles que afianzan mis sólidos conceptos. El juicio colectivo e indubitable que ejemplifica los hechos y no palabras será irrebatible. Las leyes de los hombres pueden no cumplirse, pero las naturales siempre se llevarán a su feliz consumación.

 

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