La sociedad sacudida en sus cimientos por el huracán diabólico e imperdonable de las drogas, no encuentra la justa orientación en el largo y confuso camino de la perdición, donde cada día que pasa se pliegan un mayor número de desesperados seguidores a su carro de triunfo arrollador; tras la incesante persecución emprendida y la construcción del ponderable muro de contención establecido por el gobierno norteamericano, impidiendo su entrada a sus fronteras, nuestros países pobres en completa desorganización social y económica, tienen que asumir ahora el consumo con todos los riesgos que implican convivir con el estupefaciente de resultados irreversibles en el renglón de la salud fisiológica.
Cuerpos analfabetos y desnutridos en pacto abierto con el vicio lacerante y controlador. Con las peculiaridades muy afines de la depravación y un ambiente asequible y propicio para su desplazamiento, el mal ha obrado con suprema discreción, sumando sin cesar, olvidando restar. Son muchos los factores ambientales beneficiosos que le sirven de abono, para su fácil propagación; siendo ellos: la dudosa educación imperante, los hogares incompletos, la corrupción galopante e impresionante del funcionario público, la miseria explayada como consecuencias de la mala división de la riqueza nacional, son en parte los responsables de la imprudencia que a diario vemos extenderse por nuestras calles y avenidas. Yo recomiendo que se unan tres poderes sociales trabajando en completa armonía: la escuela, la iglesia y la policía en decidida prevención del desastre. El maestro debe salir del salón a visitar los hogares, detectando las dificultades confrontadas, aconsejando las posibles soluciones en divorcio pasajero de las cuatro inamovibles paredes de las cuales él es el vocero. A los sacerdotes también les recomiendo las visitas a los hogares. Pablo de Tarso fue un vivo ejemplo de cómo las ovejas descarriadas que eran los gentiles los pudo llevar a sus redes mediante la palabra, plasmadas en sus epístolas. A la policía que salga a hacer ronda de día y de noche a pie, como lo desempeñaban antes. El crimen lo podemos evitar con la preventiva actitud, no con la acción curativa, pues después de muerto no reencarno na´.