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EDITORIAL
Propósitos al final de enero
El primer mes del año 2002 está llegando a su fin. Fue un inicio de año difícil, escabroso, con altibajos dolorosos para muchos panameños que perdieron sus empleos, o algún familiar de forma violenta, o quienes han tenido que ver cómo su presupuesto doméstico se ve disminuido por la cadena de aumentos de precios que ha sido inclemente.
Para colmo de males, el bochorno que nos ha traído la política, ha sumido al país en un marasmo del que pareciera que nunca vamos a salir. El desbarrancamiento empezó hace un año, con la elección estrepitosa de los dos nuevos magistrados y que todavía hoy hace sentir sus efectos, lo mismo que los "afudólares", cuyo eco ha llegado a menoscabar toda la base de la clase política nacional, ya de por sí maltrecha, además de toda la bazofia del año pasado.
De ahí en adelante todo fue desastre. Hoy se levanta sobre Panamá un nubarrón oscuro, cargado de pesimismo entre la gente por el arranque precoz de la campaña política. Todo es acusaciones, engaños y traiciones.
En este marco, matizado por la agria disputa entre poderosas empresas que compiten en el mercado de las telecomunicaciones, y los resquemores por la mal recibida reforma tributaria y las matanzas en Darién y los asaltos armados, los panameños vemos cómo acaba el mes de enero. Siendo optimistas, se podría decir que ya nada puede ser peor.
Así que nos queda el camino de la esperanza y los propósitos nuevos, de cara al resto del año. Nos queda el camino. Y eso ya es bastante. Hay pueblos vecinos que no tienen siquiera eso. Todavía podemos levantar el cuerpo abatido que está a la vera, y echar a andar. Nos quedan del 2003, once meses. Hagamos nuevas metas e iniciemos el trabajo en pos de ellas.
Que el inicio del año haya sido difícil y engorroso no quiere decir que el resto deba ser así. Solo debemos convencernos que podemos. Y, sobre todo, que debemos seguir la marcha, porque el futuro espera.
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PUNTO CRITICO |
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