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Muchos de los que siguen en Boca de Cupe, incluyendo a mujeres de Paya, se resisten a la idea de retornar a sus ranchos por temor a que vuelvan los "paracos", como los llaman.  |
Una semana después de que paramilitares colombianos atacaron y mataron a varios de sus líderes, cientos de indígenas desplazados viven atemorizados y con la angustia de que su vida no será la misma de ahora en adelante.
Pese a que la Policía volvió a tomar control de sus aldeas --tras años de ausencia -- los indígenas, entre los que se encuentran gran cantidad de niños y varias mujeres embarazadas-- temen la repetición del episodio de terror.
Hasta hace dos días habían unos 570 desplazados en la escuela de Boca de Cupe, entre ellos alrededor de 370 niños, 104 mujeres, de ellas seis embarazadas, según datos de la Cruz Roja panameña. De esos, aproximadamente 200 lugareños provenían de Paya, que está situada a unos 20 km de Boca de Cupe.
Pero entre viernes y sábado han regresado a sus casas algo más de un centenar, incluyendo a familias kunas de Púcuro. Muchos de los que siguen en Boca de Cupe, incluyendo a mujeres de Paya, se resisten a la idea de retornar a sus ranchos por temor a que vuelvan los ''paracos'', como los llaman.
Los policías comentan en Boca de Cupe que el ataque y los asesinatos perpetrados por los paramilitares habrían sido causados por la colaboración que prestan los aldeanos a los guerrilleros.
Dicen que Paya es supuestamente un lugar de abastecimiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). A fines de la década de 1990, miembros de las FARC atacaron Boca de Cupe. Poco antes habían secuestrado a un comerciante del lugar que luego fue liberado al pagarse una recompensa. |