Las nuevas bandas criminales, herederas de los paramilitares y dedicadas al narcotráfico, amenazan la seguridad ciudadana en Colombia, por lo que "es imperativo contenerlas y someterlas a la ley", admitió el director de la Policía Nacional, el general Óscar Naranjo.
De no frenar a esas bandas, que "convergen en zonas de cultivo de coca y de presencia de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), pueden generar un gran desafío a la institucionalidad y pueden ser una amenaza, si siguen avanzando", advirtió Naranjo.
En el 2010, hubo en Colombia una veintena de masacres y al menos 14 de ellas fueron obra de esas bandas, detalló.
Por su parte, el ministro de Defensa alertó de que las relaciones entre esos grupos y la guerrilla de las FARC "son cada vez más estrechas".
DESPLAZADOS
Asimismo, al menos 700 indígenas y campesinos dejaron sus tierras en dos regiones de Colombia para ponerse a salvo de los combates de militares con las FARC y huir de presiones de esa guerrilla, denunciaron fuentes aborígenes y gubernamentales.
Los éxodos se registran en las poblaciones de Caloto y Anorí, que pertenecen a los departamentos del Cauca y Antioquia, respectivamente.
El éxodo fue causado por enfrentamientos entre tropas del Ejército y reductos de las FARC.
La Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca indicó que los combates dejan dos muertos entre la comunidad indígena.
En un primer caso, cerca de 200 aborígenes paeces de la comunidad de Huellas dejaron sus domicilios rurales en el asentamiento Los Chorros.
El otro desplazamiento se desató en la zona de Anorí, con al menos 500 campesinos desplazados.