En medio de la pompa y gala de la toma de posesión frente al capitolio de Washington, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, volvió a generar polémica con el anuncio de "que Norteamérica llevara la libertad y la democracias a las naciones que no las tienen".
En clara alusión a los regímenes totalitarios de Irán, Corea del Norte, Zimbabwe, Siria, además de Cuba y Venezuela, Bush insistió que "el fuego de la libertad se llevará hacia los oscuros rincones del mundo", como también juró acabar con las tiranías.
El propio vicepresidente Dick Cheney ha indicado que el país de los ayatolás, Irán, será el siguiente blanco militar en la agenda belicista de Bush.
Por otro lado, América Latina seguirá en el segundo plano, sin que Estados Unidos tome políticas más directas en materia de apoyo social, aunque si en el económico.
Centroamérica y Panamá recibirán la atención de Washington para concretar los tratados de libre comercio pendientes a ratificación, cosa que será crucial para el desarrollo regional.
México espera de Bush una medida flexible para regular la marejada de millones de inmigrantes, además de legalizar a otros 7 millones de personas que están de forma furtiva viviendo en la Unión Americana.
En el ámbito político, Colombia, Cuba y Venezuela son los puntos críticos de la política exterior norteamericana..
Tanto Fidel Castro como Hugo Chávez, mantienen su retórica antiestadounidense y prosiguen su promoción del neosocialismo a nivel de América Latina.
El segundo mandato de George Bush ha generado expectativas habrá que esperar qué sorpresas nos trae el presidente de la mayor potencia del mundo. Panamá al menos espera la firma de un TLC.