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Al principio fue un pequeño ruido seco. Un ¡plop! metálico, anunciador de que algún mecanismo estaba fallando, o un cable de acero se estaba cortando. Después, un chasquido agudo, y la plataforma, que perdió sostén.
Y Robert Farley, inspector de puentes en Jacksonville, Florida, cayó al Río San Juan desde cuarenta metros de altura. En los pocos segundos que duró la caída, el hombre de veintinueve años pensó en sólo dos cosas: caer de pie y confiar en Dios.
Cayó de pie en las aguas del río, y a causa del accidente sólo sufrió la dislocación de un hombro, y una fe renovada.
Dos cosas en la mente de Robert Farley intervinieron en su salvación, la una ponderable, es decir, que se puede pesar o medir, y la otra imponderable. Y ambas sirvieron. La ponderable fue caer de pie. Es más seguro caer de pie que caer de cabeza. Y la fuerza de la caída de pie puede medirse fácilmente multiplicando la velocidad por la masa y por la resistencia de la superficie de la caída, ya sea agua o nieve o arena o cemento.
La imponderable, o inmedible, es la fe en Dios. La fe es algo que no se puede medir, ni pesar ni contar. Es imposible medir la fe por kilos, o litros, o metros, o quilates; muchísimo menos tasarla en dólares, o plata u oro.
La fe en Cristo es un imponderable de la vida que sin embargo tiene un poder enorme. Siendo más ligera que el aire, puede, como dijo Jesús, "trasladar montañas" (Mateo 17:20). Siendo más pequeña que un grano de mostaza, puede transformar vidas.
Muchas veces empleamos la frase "caer de pie" o "caer parado" para hablar de buena suerte. "Ese cayó de pie", decimos de alguien que ha obtenido un ascenso, o encontró un buen empleo o tuvo cualquier golpe de suerte. En cambio, "caer de cabeza" significa la ruina, la destrucción y la muerte.
Mientras tengamos fe en Cristo, aunque esa fe sea imponderable, estaremos siempre de pie: de pie ante las pruebas y tentaciones, de pie ante los infortunios y los imprevistos. Fe en Cristo, la Roca espiritual eterna y firme, es lo que necesitamos para estar siempre de pie, con la frente en alto y la mirada puesta en un mañana mejor. |