Jhon Davis Carpio, un propietario de carretilla, vivió la tragedia de su vida.
Davis alquiló su carretilla a un peruano, quien fue sorprendido por un seguridad del Hospital Santo Tomás sin los papeles en regla.
El seguridad le solicitó al extranjero el permiso para vender comida, quien se asustó y salió huyendo.
Un grupo de personas se aprovechó de la situación e ingirieron chicha y empanadas hasta llenar sus estómagos. Finalmente, Davis recibió su carretilla, que se la retuvieron por varias horas.