Irse a los puños es el último recurso que tienen los seres humanos para hacer valer su posición frente a cualquier hecho, cuando también se pierde la razón y nos aceramos más a lo irracional.
La disputa entre dos borrachines es folclórica, pero entre dos profesores demuestra claramente una de las razones de nuestra pésima educación. Quienes imparten clases a nuestros niños viven con odio interno que estalla en puños y patadas cuando les llaman la atención.
El caso que nos ocupa ocurrió en el colegio Ricardo Miró, un centro educativo donde se forja al ciudadano del mañana. ¿Hasta dónde han llegado los que deben pregonar buenos ejemplos a nuestros hijos dentro de los aulas de clases?
La manera con que fue atacado el profesor coordinador fue tan brutal que se reflejó en el rostro. Era evidente que fue atacado con odio por otro compañero que no les gustó un llamado de atención.
Los seres humanos debemos razonar y no conversar en el lenguaje de los puños porque éste no nos dejará nada bueno entre los miembros de la sociedad. El odio debe responderse siempre con amor. Jesús, nuestro gran Maestro, nos enseñó a dar siempre la otra mejilla para no incrementar la violencia en la humanidad.
Si muchos hombres respondiéramos con amor, situaciones como las que penosamente tienen que ocupar espacio en este diario, no se hubiera registrado.
Ojalá el agresor entre en razón y al menos pida perdón, primero a Dios y luego al agredido, porque es lo único que le queda.