En la televisión se estén emitiendo desde hace varios años una serie de programas de producción nacional donde el humor, el sarcasmo y la sátira política se han convertido en una forma entretenida y divertida de ver la realidad panameña.
Dos programas que se han ganado el respaldo de la audiencia son La Cáscara y Parecen Noticias; sin embargo algunos de sus segmentos exageran en la burla, promueven actitudes homofóbicas y hasta caen en el racismo.
El humor a costa de los feos, las minorías, las diferencias sexuales se ha convertido en tema de un gran número de programas de televisión. Es un fenómeno del cuál no escapan la mayoría de la televisoras privadas con señal abierta.
¿Acaso no están la televisión, como medio de comunicación para educar?
¿Tiene el humor que estar sustentado en las diferencia entre unos y otros o las debilidades o gustos o tendencias de los demás?
¿Cuántos niños repiten ahora en los hogares palabras como "coño", "coñazo", "verguinton", "¿qué culantro?" porque lo aprendieron en la televisión a través de un segmento que aunque mate risa a miles de panameños, no da buenos ejemplos a nadie.
¿Qué pasó con Pepina y Tortón, el Dr. Lewinsky, las cámaras indiscretas, producciones como las de Víctor Martínez Blanco dirigidas a toda la familia que promovían competencias académicas e inculcaban valores o el payaso Pin Pín?
La buena televisión tiene que ser buena televisión y estos programas que tienen mucho que dar al televidente tienen que ir eliminando la chabacanería, el lenguaje soez, las discriminaciones o las acentuaciones que marcan diferencias peligrosas para una sociedad pluralista y tropical como la panameña.
Que nos hagan reir con elegancia, sin perder la crítica dejando a un lado las ofensas, los excesos escénicos y las vulgaridades.