Las victorias ayudan, dan confianza, alimentan el alma y permiten recuperar la fe.
Si antes del partido del domingo, uno le preguntaba a cualquier panameño sobre las posibilidades de Panamá en el Premundial Sub-20, la respuesta sería la misma: "Vamos a quedar eliminados" o quizás, los más optimistas dirían: "Podemos clasificar porque jugamos en casa".
El triunfo de Panamá sobre Costa Rica como visitante, al mediodía del pasado domingo, ante un calor sofocante en la localidad de Pérez Zeledón, fue eso: un paño de agua tibia en medio de tanta desconfianza, que pesa sobre un grupo que apenas lleva mes y medio junto.
La afición también necesitaba de un estímulo para acompañar al equipo en los partidos del 17, 19 y 21 de enero ante Guatemala, Haití y Estados Unidos, respectivamente.
En lo futbolístico, hay muchos aspectos a mejorar. El portero debe ser Luis Mejía.. que tiene 15 años, que le falta experiencia.. ¡excusas! El chico mostró su plasticidad para ocupar la portería ante los ticos, y dejó mejor impresión que lo hecho por Guillermo Murillo.
La defensa cierra bien, pero le cuesta salir jugando y los zagueros carecen de técnica para liberarse del acoso de los delanteros contrarios.
En la mitad de la cancha, destaca Javier González, jugador rápido y de buena condición técnica. Francisco Castañeda -volante tapón del equipo-es el encargado de destruir los circuitos del contrario; mientras que Luis Jaramillo intenta poner algo de técnica a su constante entrega.
En la ofensiva, Josué Brown es el segundo punta del equipo y siempre baja varios metros para hacer una línea de cinco jugadores en la media cancha. Gabriel Torres, el otro atacante, es el todo pulmón.. corre, se entrega, desequilibra y trata de inspirar a sus compañeros.
El juego de Panamá es a dos o tres toques, los saques del portero son largos y en ese tránsito, la selección pierde el control de la pelota.
Un paño de agua tibia, así fue la última victoria. La cura final será con la clasificación al Mundial de Canadá.