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EDITORIAL
Saddam, prisionero de guerra
El ex dictador de Irak, Saddam Hussein, fue declarado ayer como prisionero de guerra por parte de los Estados Unidos. El denominado "Carnicero de Bagdad" recibirá desde ahora todos los derechos y prerrogativas de la Convención de Ginebra sobre combatientes enemigos capturados por un país en guerra.
Igual sucedió en 1990 cuando el entonces hombre fuerte de Panamá, Manuel Antonio Noriega, se entregó a las tropas estadounidenses luego de la invasión del 20 de diciembre de 1989..
Interesante es observar que el estatus otorgado a Saddam, similar a Noriega, le permitirá tener garantías a una defensa en una corte militar, algo que frustraría los intentos de los defensores de los derechos humanos civiles para condenar al dictador iraquí.
Primero estará presente la prioridad de juzgar a Hussein como militar, por sus crímenes como jefe de ejércitos en combate, más que por un segundo factor: la muerte de 1.2 millones de civiles inocentes en tres grandes guerras en el Golfo Pérsico, además de las masacres y represiones contra Chiitas y Kurdos en la moderna Mesopotamia.
Slobodan Milosevic de Yugoslavia; Hideki Tojo, de Japón y los generales nazis de la Segunda Guerra Mundial son esos ejemplos. Todos ellos recibieron su castigo (el presidente serbio espera el veredicto de sus crímenes en Bosnia y Kosovo).
Ojalá que la justicia verdadera triunfe. Que Estados Unidos permita a los tribunales iraquíes a dictaminar libremente, sin ataduras, la condena contra Saddam Hussein y sus seguidores, con el aval de las Naciones Unidas.
Sólo así, veremos que hasta el más poderoso "la puede pagar" por los males que cometió en vida.
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PUNTO CRITICO |
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