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La llamaron Daniela, para mantener su verdadero nombre en el anonimato. Tenía veintisiete años de edad y vivía en Alemania.
Daniela había sufrido un horrible accidente de automóvil, y durante dos años estuvo postrada en cama, paralizada desde el cuello para abajo. Sufría intensos dolores físicos y terribles angustias mentales.
Un día Daniela, no soportando más el dolor, apeló a los tribunales y a la opinión pública alemana para que le permitieran morir. La justicia del país negó la petición, y Daniela siguió llorando y clamando.
Pero por fin su petición fue concedida. Y un día de diciembre, cerca de la Navidad, alguien, no se sabe quién, le puso una pastilla de cianuro en la boca, y Daniela dejó de sufrir. Los diarios dieron la noticia con el siguiente titular: "Cianuro: fin de todos los males".
El problema de la eutanasia se sigue debatiendo en todas partes del mundo. ¿Es lícito dar una muerte rápida y sin dolor al enfermo incurable que pide la muerte? ¿Es moral poner fin a los sufrimientos de una persona para la cual la ciencia no da esperanza?
Los defensores de la eutanasia, palabra que significa "buena muerte", dicen que sí. Los detractores de la misma dicen que no. Pero los enfermos que sufren mucho, y los familiares de los enfermos que los ven y los oyen sufrir, mueven la cabeza diciendo: "¡Quién sabe!"
Cuando buscamos en la Biblia alguna respuesta a ese dilema, encontramos que la enfermedad, el sufrimiento y la muerte están dentro de la voluntad permisiva de Dios, y que el sufrimiento físico, llevado con fe y esperanza, con sumisión y entrega a Dios, se hace más soportable.
Hallamos también que Dios no se ensaña con ninguna persona, jugando con ella como el gato con el ratón. Hay un pasaje en el Libro santo de Dios que arroja alguna luz sobre este crucial problema humano. En una paráfrasis del pasaje, La Biblia al Día dice: "Mueren los buenos; perecen los justos antes de tiempo sin que nadie parezca preocuparse o preguntarse la razón. Nadie pareciera darse cuenta de que Dios lo aleja de los malos días que vendrán. Porque los justos que mueren descansarán en paz" (Isaías 57:1-2). |