Elija ser prudente:
Es ésta una de las grandes virtudes recomendadas por los sabios de Antiguo Testamento. Ellos decían que ser prudentes era el camino más fácil para obtener la felicidad.
El prudente manifiesta moderación en todo lo que dice, hace y piensa. También en el comer y en el placer. El imprudente habla más de lo debido, obra sin pedir consejo y deja anidar en su mente muchos pensamientos dañosos. Come y bebe en exceso y roba al sueño muchas horas lo cual debilita su salud física y mental.
El prudente procura permanecer estable en lo que se ha propuesto hacer. Sabe que sólo logrará triunfar cuando haya recorrido muchas veces el mismo camino y que ningún triunfo se improvisa; sino que es el fruto de un largo ejercitarse y trabajar. El imprudente es inestable, suele creer que los éxitos vendrán por golpes de suerte o cambios instantáneos.
El prudente piensa muy bien las decisiones que va a tomar y persevera. El imprudente no pide consejo ni medita acerca de sus decisiones. Cambia rápidamente de parecer dejando sin terminar muchas obras.
El prudente ve venir el peligro y trata de evitarlo. El imprudente se expone al peligro y en él perece.
Prefiera vivir alegre que vivir triste:
La vida es demasiado corta para vivirla recordando desgracias del pasado y temiendo el futuro. Estimule sanamente la alegría con la música, el arte, la lectura entusiasta, la religión, las buenas amistades, los grandes ideales, los paseos recreativos, los recuerdos gratos. Todo esto nos produce alegría y gozo interior y nos mantiene cerca de Dios. Jesús hace promesas maravillosas para todos los que le aman. ¡Qué lindo es vivir atendiendo a la gente con amor y un sincero deseo de que las personas sean felices. Queremos que usted sea maravilloso, bueno, alegre, pleno y todo esto se puede con Dios, porque ¡Con El, somos invencibles!