Fue una despedida por partida doble.
El Centro Misionero Cristiano Montecarmelo, ubicado en la comunidad de Santa Cruz, en el corregimiento de Pedregal, albergó ayer, martes, a decenas de personas que se reunieron en el templo para brindarle un adiós póstumo a los hermanos Villarreal.
Familiares, amigos y conocidos acompañaron a los dos féretros donde yacían los despojos mortales de Maureen Massiel, de 23 años, y su hermano Ameth, de 16, quienes fallecieron el 27 de diciembre víctimas de la violencia sin sentido que está mermando a la juventud en el país.
Atrás quedaron los sueños de Maureen, quien soñaba con ser una profesional del periodismo y poder ayudar a su familia, entre ellos a su esposo e hija de tres años.
El Pastor Jorge Paredes recordó a los dolientes "que hay que aprovechar el tiempo que Dios nos brinda, porque hoy estamos aquí y en minutos, ya no".
Recordó que el día del doble homicidio de Maureen y de su hermano Ameth conversó con la difunta, y escasas horas después se enteró de su asesinato.
Las autoridades no han dado a conocer si se logró capturar a algún sospechoso de asesinar a Amet de un tiro en la cabeza en el Río Naranjal, y a su hermana Maureen, ultimada horas más tarde en el lugar conocido como 13 de Abril, donde le dieron un disparo en el pecho.
Una vez concluido el acto religioso, el cortejo fúnebre se trasladó hasta el Jardín de Paz, en el corregimiento de Parque Lefevre, el que desde ayer es la morada final de dos hermanos que estuvieron unidos por los lazos de sangre y por la tragedia que acabó con sus vidas.